domingo, 3 de agosto de 2014

Hongos psilocibes y sus alcaloides

  


Diseminados por América, Europa y Asia, hay unos setenta hongos que contienen proporciones variables (a veces estacionales) de psilocibina y psilocina. En América, abundantes datos arqueológicos apoyan su empleo fármaco sacramental y terapéutico desde hace unos tres milenios, bajo denominaciones entre las que destaca el nombre mexicano teonanácatl («hongo prodigioso»).


Son variedades que crecen sobre estiércol de vacuno o junto a él, en los claros de encinares y en prados húmedos, junto a los caminos. Prefieren terrenos altos, suelos con roca caliza y son prácticamente cosmopolitas, aunque las de Oaxaca (México) tienen justa fama de potencia. En la Sierra de Guadarrama, por ejemplo, proliferan varias especies de Panaeolus y el Psilocybe callosa, que no siempre son psicoactivos. Por término medio, la proporción de psilocina y psilocibina contenida en estos pequeños hongos es de un 0,03 por 100 estando frescos, y un 0,3 por 100 en el material seco. Una vez más, fue A. Hofmann quien descubrió estos alcaloides y el modo de sintetizarlos químicamente.


Se ha generalizado actualmente en Norteamérica el cultivo doméstico de P. cubensis y otas muchas especies con resultados extraordinarios en cuanto a rendimiento y calidad. Es el mismo fenómeno de autoabastecimiento que se observa a propósito de la marihuana, y parece cubrir sobradamente la demanda interna. Materia prima y técnicas de cultivo comienzan a exportarse hacia Europa.


 


Posologia


Las mínimas dosis activas de psilocibina y psilocina rondan los 2 miligramos. Desde 10 a 20 miligramos se extienden las dosis medias, y a partir de 30 miligramos comienzan las altas. No se conoce cantidad letal para humanos, ya que nadie se ha acercado siquiera a una intoxicación aguda por ingerir estas sustancias en forma vegetal o química.


Calculando la proporción de principios psicoactivos en hongos secos y verdes, alcanzar dosis medias requerirá unos cinco o cincuenta gramos respectivamente; el mejor sistema para secarlos es una corriente de aire cálido (no superior a los 50 grados), almacenando luego ejemplares dentro de bolsas cerradas que se guardan en el congelador. Los chamanes de Oaxaca emplean como cantidad inicial seis pares de hongos.


La psilocibina y la psilocina tienen estrecho parentesco con la serotonina, el neurotransmisor más afín a la LSD. De hecho, la psilocibina se activa biológicamente convirtiéndose en psilocina por pérdida del radical fosfórico. Aunque tenga cien veces menos potencia que la LSD por unidad de peso, los efectos orgánicos de la psilocibina pueden considerarse virtualmente despreciables en dosis no descomunales. Se trata de uan sustancia poco tóxica, que el cuerpo asimila sin dificultad. De ahí que el margen terapéutico no haya podido establecerse aún, pues supera el 1 a 70, y bien podría seguir más allá. Los efectos de dosis medias se prolongan de 4 a 6 horas, y los de dosis altas hasta 8


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Efectos subjetivos


En dosis leves y medias, la psilocibina es como una LSD más cálida, menos implacable en la lucidez interna, con una capacidad visionaria no inferior a la mescalínica. Si la LSD invoca finalmente experiencias de muerte y resurrección, la psilocibina llama más bien a experiencias de amar y compartir, acompañadas por altos grados de libertad en la percepción.


Las visiones más complejas y nítidas, más suntuosamente acabadas, las he tenido usando esta sustancia, tanto en forma vegetal como sintética. He contemplado paisajes de indescriptible profundidad y detalle, con ojos que me producían la sensación de no haber enfocado nunca antes. La última vez- hace pocas semanas- esa prodigiosa capacidad de foco se manifiestaba alternativamente con los ojos cerrados y abiertos, ante el más bello crepúsculo que recuerdo.


Sin embargo, la experiencia quizá modélica ocurrió hace años, con mi mujer, cuando compartimos el fármaco una noche de verano. Nos abrazamos en postura fetal -respirando uno el aliento del otro- y así estuvimos hasta el alba, casi absolutamente inmóviles. Pronto la fusión amorosa desvaneció cualquier diferencia entre el tú y el yo; ya no éramos dos seres sino uno solo, el andrógino primigenio, ante el que se abrían escenarios sin tiempo. El lado femenino se sumergió en visiones geométrico-siderales, dotadas de una refulgente animación. Más tenebroso, el lado masculino reprodujo algo similar al Triumfo de la muerte pintado por Bruegel, pero no con esqueletos sino con seres parecidos a los del Bosco, que se enzarzaban en una batalla naval desde barcos ingentes, maniobrando sobre aguas como vino. Sin embargo, ese cuadro apocalíptico no producía terror; ni dejaba por un instante de ser algo ofrecido ante todo al entendimiento. Finalmente la visión del lado masculino y la del femenino convergieron otra vez, en el paisaje de la vida infinita que acunaba nuestra pequeña unidad. Fue entonces, rayando ya el día, cuando cruzamos las primeras palabras.


Naturalmente, nada asegura la dicha. En situaciones inadecuadas, hasta individuos que tienden a tener buenos «viajes» pueden verse inmersos en trances duros, o incluso muy duros, donde sólo defiende la entereza de querer saber. Lo común a psilocibina, mescalina y LSD -y aquello por lo cual se dice que ejercen un efecto «impersonalizado», poco acorde con los intereses del yo cotidiano- es no ofrecer lo que uno acostumbra o quiere mirar, sino algo sentido como lo que hay realmente, aderezado o no por el oropel de cuadros fantásticos.


Como sucede con los sueños, imágenes y emociones pueden no casar a primera vista; pero un análisis de su divergencia disuelve esa ajenidad. El efecto visionario podría explicarse suponiendo que estas sustancias permiten saltar del estado de vigilia al onírico sin el paso intermedio que borra sentido crítico y memoria; se alcanzaría así un sueño rigurosamente despierto, activo, y no sólo la pasiva duermevela del opio y sus derivados, con un contacto a plena luz del consciente y el inconsciente. Esta hipótesis encuentra apoyo en el hecho de que los neurotransmisores norepinefrina y serotonina (marcadamente análogos a LSD, mescalina y psilocibina) se consideran responsables de la inducción al reposo con sueños.


Por último, cabe añadir que psilocibina u hongos psilocibios producen la misma animación de lo inanimado que sus afines en potencia visionaria. Todo respira, todo está vivo, y lo inorgánico brilla por su ausencia. Esta certeza es máxima y constante con LSD, pero acompaña siempre también, en mayor o menor medida, la ebriedad mescalínica y psilocibínica.


 


Principales usos


Las indicaciones hechas antes sobre ambiente y medidas preparatorias se aplican puntualmente a hongo psilocibios. El ayuno es especialmente recomendable desde la noche previa al día en que haya de verificarse la administración, para lograr máximos efectos con mínimas dosis.


No he visto nunca reacciones de pánico ni disociación en tomas singulares o colectivas, sino todo lo contrario. Pero mi experiencia con este fármaco es muy inferior -en número- a la que puedo aportar con respecto a la LSD, y considero excelente el consejo de R.G. Wasson: «Si tienes la más leve duda, no pruebe los hongos.» En caso de probarlos, le convendrá tener en cuenta que la buena miel es un tónico excelente; una cucharada de té cada par de horas mejora o mantiene el estado psicofísico, al igual que sucede con LSD y mescalina.


De estos tres fármacos, la psilocibina es quizá el más próximo a ánimos voluptuosos. Pero coincide con ellos en potenciar sobre todo formas «genitófugas» o globales de la libido. No es, desde luego, un estimulante genital, aunque -como sus hermanos en el efecto- pueda producir experiencias eróticas únicas, superiores por imaginación, hondura y potencia a cualquier otra ebriedad.


Fuente: ww.escohotado.com

 


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Hongos psilocibes y sus alcaloides

ANFETAMINAS



Derivados sintéticos de la efedrina, estas drogas aparecieron en las farmacias norteamericanas hacia 1930, como recurso para mantener despiertos a sujetos sobredosificados por sedantes. Poco después se lanzan en forma de inhaladores para catarro y todo tipo de congestiones nasales, y algo más tarde como píldoras contra el mareo y la obesidad, para finalmente emplearse como antidepresivos. Tras la anfetamina propiamente dicha (Bencedrina,SimpatinaProfaminaCentramina, etc.) aparece su isómero o dexanfetamina (Dexedrina), y en 1938 la metanfetamina (Metedrina).



Posología

En terapéutica, la dosis activa de anfetamina es de 10 miligramos y la de dexanfetamina y metanfetamina 5 y 3 miligramos respectivamente. El primer caso registrado de sobredosis fatal -un soldado italiano, en 1941- murió tras ingerir 100 miligramos de Simpatina (anfetamina) en una sola toma, lo cual supone un margen de seguridad corto (1 a 10). Sin embargo, son fármacos tan poderosos que ningún neófito necesitará más de dos o tres pastillas para exaltarse. Diez dosis activas -administradas de una sola vez- producirán experiencias infernales a quien no las haya tomado nunca, y a cualquiera que no haya desarrollado ya insensibilidad por previo abuso.


El mecanismo de acción es parecido al de la cocaína, aunque en vez de impedir la reabsorción de ciertos neurotransmisores (ante todo dopamina y noradrenalina) parece liberarlos. Su acción acontece básicamente sobre el sistema límbico y el hipotálamo.


El factor de tolerancia es en estas drogas excepcionalmente alto. Un claro fenómeno de insensibilización se produce ya a los tres o cuatro días de tomar la dosis prescrita por los prospectos tradicionales (3 comprimidos diarios), y los usuarios regulares llegan a administrarse medio gramo, cantidad capaz de fulminar a cinco personas sin hábito. Aunque la tolerancia amplía mucho el umbral de la dosis mortífera, el quebranto físico sigue una progresión geométrica; cadáveres de adolescentes, que se inyectaban estas drogas en vena, revelaron en la autopsia un deterioro visceral comparable al de ancianos. Corazón, hígado y riñones son los órganos más dañados de forma inmediata. El uso por parte de embarazadas puede producir fetos monstruosos o subnormales.


Efectos subjetivos


Los efectos subjetivos son parecidos a los de la cocaína. Experimentos hechos en la Universidad de Chicago, usando como voluntarios a cocainómanos inveterados, demostraron que eran incapaces de distinguir cocaína y dexanfetamina en inyecciones intravenosas durante los primeros cinco minutos, aunque la mayor duración del efecto acababa mostrándoles la diferencia. Si preguntamos a conocedores, será normal escuchar comparaciones como seda y nylon, terciopelo y tela de saco; pero en metáforas semejantes no deja de influir la leyenda de la cocaína. A mi juicio, la comparación más ajustada puede hacerse entre vinos y licores; lo que cabe decir positiva y negativamente de una puede decirse, amplificado, de las otras. Las aminas estimulantes no sólo poseen entre cinco y diez veces más actividad, sino un efecto cinco o seis veces más prolongado.


De acuerdo con pruebas psicométricas, dosis leves de estas aminas aumentan el coeficiente de inteligencia en una proporción media de ocho puntos. Salvo error, nadie ha administrado baterías de tests utilizando cocaína, pero es probable que produjera resultados análogos sobre la atención y la concentración. Evidentemente, sólo aspectos de ese tipo admiten cierta medida, y ninguna droga descubierta hasta hoy hará de un necio un ser prudente.


Donde sí se demuestran eficaces las tres aminas es para el tratamiento de niños hiperactivos, un síndrome que parece derivar de maduración cerebral tardía. Nacidos muchas veces con un intelecto normal o superior a la media, esos niños son incapaces de permanecer quietos o concentrarse en una actividad, y es notable comprobar que -en vez de producir sobreexcitación- el estimulante contribuye a tranquilizarlos. Gracias a tales tratamientos sabemos también que dosis leves, incluso mantenidas durante años, son compatibles con su maduración y no causan lesiones orgánicas considerables.


Los efectos del empleo crónico en dosis medias o altas son parecidos a los de la cocaína usada crónicamente en dosis paralelas, sólo que más graves. La paranoia o delirio persecutorio ocurre bastante antes, y muchas veces se instala de modo irreversible. La intoxicación anfetamínica aguda es tratada del mismo modo que la cocaínica.


Por supuesto, estos estimulantes no producen un síndrome abstinencial parecido al de los apaciguadores, sino una depresión o colapso psíquico proporcional al abuso, que en su fase álgida puede durar una semana entera. Se dice que algunas drogas análogas, como la fenmetracina (PreludínMinilip, etc.), son adictivas al estilo de los opiáceos. Pero no es cierto. Tanto en el caso de la fenmetracina como en el de las aminas la suspensión del empleo produce un estado depresivo; en realidad, basta una sola administración para inducir resacas depresivas, aunque sólo meses o años inducen la llamada psicosis anfetamínica.


Principales usos


Los empleos sensatos son idénticos a los empleos sensatos de cocaína, tomando en cuenta que se trata de sustancias mucho más tóxicas. Aparte de niños hiperactivos, tratamiento de sobredosis por sedantes, crisis de hipo o prevención del mareo terrestre, marítimo y aéreo, las anfetaminas son desde luego útiles para esfuerzos de tipo físico e intelectual, así como para comunicarse con otros. Dentro de esta comunicación se incluye la sexualidad, que algunos ven potenciada y otros reducida; al ser quizá menos cálida que con cocaína, la estimulación en este terreno parece más propensa a ambivalencias, con momentos de intensa pasión alternados por otros de total desinterés.


Sin embargo, la medicina institucional las ha empleado para tres finalidades adicionales, que llaman la atención. La primera -común hacia los años cincuenta- fue tratar casos de alcoholismo, hábito de otras drogas, depresión e histeria con altas dosis inyectadas (el llamado shock anfetamínico). Además de ineficaz, este procedimiento crea lesiones neuronales incurables. Administradas por vena durante meses, las anfetaminas suscitan paranoia permanente en el 44 por 100 de los casos.


La segunda finalidad -empleando compuestos que combinaban aminas y barbitúricos- fue permitir un diagnóstico-tratamiento sencillísimo para el cajón de sastre designado como «trastornos funcionales», y alcanzó enorme popularidad desde los años cuarenta hasta los sesenta. La combinación de anfetamina y barbitúrico resulta mucho más tóxica que la de cocaína y heroína.


La tercera finalidad es combatir la obesidad, un mal directamente relacionado con el desahogo económico, y sigue considerándose «uso terapéutico legítimo». Hasta los años setenta se empleaba ante todo metanfetamina (en España el Bustaid, un preparado que añadía vitamina B) o fenmetracina, y actualmente drogas parecidas como la anfepramona, el fenpropropex y el mefenorex (Pondinil). Al igual que sucediera en el caso de los opiáceos, la virtud eufórica de los compuestos naturales sugirió buscar variantes sintéticas, y la virtud eufórica de las variantes sintéticas buscar otras variantes y otras, que si bien irían siendo condenadas podrían venderse lucrativamente en el ínterin. Cuidadosos autoensayos con mefenorex me han convencido de que -en las dosis prescritas- es tan tóxico como la anfetamina, mucho menos eufórico, y más creador de irritabilidad.


Al mismo tiempo, conviene no caer en simplismos. Algunas estadísticas atribuyen a la voracidad inmoderada casi tantas muertes como la arterioesclerosis, y es ilustrativo comprobar que las ansias invencibles de deglución -multiplicadas, como vimos, por las drogas que tranquilizan asfixiando el cerebro- son reducidas por las que activan en general su funcionamiento. Resulta claro, pues, que los devoradores de comida se «espiritualizan», por así decirlo, al entrar un estimulante del sistema nervioso central en su riego sanguíneo (lo cual parece oportuno por eso mismo).


Sin embargo, quien usa un fármaco para alguna necesidad renovada cotidianamente habrá de administrárselo cotidianamente. La bulimia o afán desmedido de comer no sólo requiere uso cotidiano, sino varias administraciones cada día. Considerando que -salvo la cocaína- todos los estimulantes descubiertos después producen un fenómeno de rápida insensibilización, gracias al cual resulta imperativo aumentar la dosis si quieren mantenerse los efectos, el dilema está servido.


Distintos dilemas jalonan la vida, desde luego, y este no parece de los peores. Pero su gravedad sería indudablemente menor si en vez de aminas o nuevos análogos se empleara cocaína y, sobre todo, si quien acude al médico para controlar su apetito recibiera una cumplida información sobre el «anorexígeno» recetado. Eso sucede muy rara vez, quizá porque consulte al médico se transformaría durante algunos momentos en consulte al cliente.


Fuente: Web Escohotado.com

 


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ANFETAMINAS

El kanna, un antidepresivo y ansiolítico natural

El kanna, un antidepresivo y ansiolítico natural


En esta ocasión tratamos una planta originaria de Sudáfrica con una larga historia,

interesantes propiedades farmacológicas y escasos efectos secundarios. Puede tomarse  por vía oral, intranasal y sublingual, además de fumarse.


Este artículo fue publicado originalmente en Cannabis Magazine


La sustancia que vamos a tratar este mes, el kanna, no tiene nada que ver con el

cannabis, aunque pueda parecerlo por su nombre; ninguna relación en absoluto, si bien  es una droga que puede resultar interesante para el consumidor de marihuana, como enseguida veremos.


Un poco de historia


Comencemos, como es habitual, por los datos más científicos, y después iremos

adentrándonos en los detalles más atractivos para el drogófilo. “Kanna”, además de

“channa” y “kougoed” –otros nombres menos populares por los que se conoce– parecen tener el significado de “cosa masticable” o “algo para masticar”, y son las palabras que han utilizado ciertas tribus sudafricanas para referirse a la planta Sceletium tortuosum, perteneciente al género de las aizoáceas y al grupo de las suculentas, que tienen muchos rasgos comunes con los cactos, como por ejemplo la capacidad de retener agua en climas secos. Mide unos veinticinco centímetros de largo, es verde y echa pequeñas flores habitualmente de color amarillo.


Según se ha documentado, han utilizado esta planta varias tribus de pastores y

cazadores-recolectores de aquella región del mundo desde tiempos prehistóricos –entre ellos los hotentotes– como embriagante, potenciador del estado de ánimo y estimulante, para aliviar el hambre o la sed, para combatir la fatiga y en ciertas ceremonias espirituales. La forma tradicional de uso por parte de los nativos consistía en masticar la planta –previamente secada– y tragar la saliva.


Relataba una descripción sobre su uso por parte de esas tribus: “Se despertaban sus

espíritus animales, brillaban sus ojos y en sus caras se manifestaban risas y alegría.

Aparecían miles de encantadoras ideas, además de una agradable jovialidad que les permitía divertirse con bromas muy simples. Si tomaban la sustancia en exceso, perdían la conciencia y caían en un estado de delirio”.



El primer informe escrito conocido data de 1662, y su autor fue Jan van Riebeeck,

fundador y administrador holandés de Ciudad del Cabo, quien se ocupó de temas

botánicos, en su intento porque su comunidad pudiera mantenerse en una tierra que en principio les era extraña. Según Nigel Gericke, investigador actual de la planta en

Sudáfrica, se trata de una de las sustancias modificadoras de la conciencia más antiguas de la humanidad.


Farmacología


Como era de esperar, la investigación moderna ha querido saber las razones de ese uso ancestral, lo cual de paso ha servido para que los consumidores actuales conozcan las verdaderas propiedades del kanna. Los análisis han permitido observar que contiene entre un 1 y un 1,5 por ciento de alcaloides, principalmente mesembrina, mesembrenona, mesembrenol y tortuosamina. El primero es el que se encuentra en mayor cantidad, por lo que se supone que es el que confiere sus propiedades a la planta.


Las investigaciones han permitido concluir que tanto la mesembrina como la

mesembronona y el mesembrenol son inhibidores selectivos de la recaptación de la

serotonina (ISRS) e inhibidores de la fosfodiesterasa-4 (PDE4), lo cual explicaría las

cualidades antidepresivas del kanna y otras que explicaremos a continuación.

Poco podemos decir de la primera característica que no sepa ya el lector: cuando una

sustancia inhibe la recaptación de la serotonina, este neurotransmisor no es degradado inmediatamente, sino que permanece más tiempo en el espacio intersináptico y por ello se ve potenciada su acción, ejerciendo en consecuencia su efecto antidepresivo. La segunda propiedad, la de inhibidor de la fosfodiesterasa-4, es menos conocida. Para los que no somos especialistas en bioquímica, baste decir que las fosfodiesterasas son enzimas que regulan la concentración de ciertos nucleótidos, que a su vez son mensajeros químicos de numerosas funciones orgánicas. Dicho en términos sencillos, la acción bloqueadora sobre la fosfodiesterasa-4 tiene una serie de consecuencias beneficiosas para el cuerpo. De hecho, hay toda una serie de medicamentos con esta acción –algunos ya desarrollados y otros en fase de experimentación– que se aplican encasos de enfermedad pulmonar obstructiva, asma, Alzheimer, Parkinson o depresión.


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También pueden ejercer efectos antiinflamatorios, antipsicóticos, mejora de la memoria a largo plazo, aumento del estado de alerta y neuroprotección.

Se trata de un campo todavía en fase de estudio, pero ya existen algunos fármacos

inhibidores de la fosfodiesterasa-4, como por ejemplo el rolipram, que parecía ser útil para la depresión y el Parkinson, pero cuyo uso clínico se ha abandonado debido a sus efectos secundarios. Otros fármacos inhibidores de la fosfodiesterasa-4 son el

apremilast, para los trastornos inflamatorios; el ibudilast, que también afecta a otras

fosfodiesterasas además de la 4, y que tiene diversas indicaciones farmacológicas; el

piclamilast, también bastante útil, pero que produce unos vértigos muy marcados; y el roflumilast y el cilomilast, indicados para enfermedades pulmonares, seguramente los que mejor se han introducido en el mercado farmacológico.


De interés para el drogófilo


¿Y qué lugar tiene nuestro querido kanna dentro de todo este maremágnum de

terminología bioquímica y farmacológica? Ya hemos mencionado que sus tres

alcaloides principales son la mesembrina, la mesembronona y el mesembrenol, y que

los tres son inhibidores de la fosfodiesterasa-4, además de ISRS: de estas propiedades puede beneficiarse el drogófilo si utiliza adecuadamente esta sustancia.


Esto incluye que la adquiera a través de una fuente fiable (se vende en numerosas páginas web y se puede conseguir incluso en Ebay; recomendamos al lector que consulte las experiencias y las valoraciones de otros usuarios) y que haga un uso prudencial, sin abusar, ya que de lo contrario estaría excediéndose en esas dos propiedades farmacológicas que hemos comentado.


No solemos ofrecer consejos a este respecto, pero sí podemos recomendar

que compren kanna pulverizado, la presentación más cómoda de utilizar.

En cuanto a la vía de administración, el kanna se puede ingerir, tras lo cual el efecto

tardaría en aparecer, sería gradual y duraría unas cuatro o cinco horas (hay marcas

comerciales que lo venden encapsulado, en bolsitas para hacer té o en tintura). Se puede fumar, por ejemplo en uno de los típicos bongs que tan bien conocen nuestros lectores; en este caso el efecto aparece muy rápidamente, desaparece también con más rapidez que por vía oral y es más psicoactivo. Para evitar la ansiedad y los mareos que pueden aparecer es recomendable dar una pequeña calada, esperar un minuto, dar otra y esperar otro minuto; de esta forma se conseguirá regular la administración y se llegará a saber cuál es la dosis ideal para cada uno, a fin de lograr el bienestar deseado. El kanna también se puede esnifar, y por esta vía predominan los efectos estimulantes.


Se trata de una forma de administración un tanto “sucia”, porque hay que introducirse una cantidad respetable de producto para notar efectos (como el mismo usuario podrá comprobar si lo  intenta) y la nariz quedará llena de un material pegajoso que deja un regusto no demasiado agradable. Hemos leído en algunos foros sobre consumidores que han llegado a tener problemas en las vías nasales con esta forma de uso.


Si el lector se decanta por ella, debemos recomendarle que sea prudente y que después de la sesión se lave bien las fosas nasales, con una jeringa o una pera de agua. Por último, la vía de administración que recomienda nuestro amigo Franzicuro: sublingual y por las mucosas bucales. Consiste en introducirse bajo la lengua cierta cantidad de kanna pulverizado, dejarlo allí unos segundos, y cuando se haya segregado cierta cantidad de saliva mover la mezcla por toda la boca, llevándola especialmente a las encías y a la parte interna de las mejillas, durante unos diez minutos, y después tragarla.


De este modo la sustancia será absorbida por los capilares y en poco tiempo el usuario experimentará sus propiedades, que consistirá en tranquilidad, alivio del estado de ansiedad, mejora del ánimo, cierto optimismo, incremento de la energía y ganas de trabajar o de socializar.


En lo que respecta a las interacciones con otras sustancias, no debe combinarse con

drogas con propiedades ISRS o IMAO, debido al posible riesgo de síndrome serotoninérgico, por un exceso de serotonina. Por lo demás, no hay otras interacciones

descritas y muchos usuarios afirman que potencia los efectos psicoactivos del cannabis, así que ya saben: kanna + cannabis es una buena combinación.


El kanna se ha empleado también para estudios farmacológicos sobre la ansiedad

(propiedades ansiolíticas), gracias a un extracto estandarizado de la planta llamado

Zembrin®. Así se han confirmado sus propiedades ISRS e inhibidoras de la

fosfodiesterasa-4. Lo ha comercializado la empresa HG&H Pharmaceuticals y está a la

venta en Estados Unidos.


Cultivo


El kanna es fácil de cultivar. Se puede hacer a partir de semilla o de esquejes, y los

cuidados son parecidos a los que hay que tener con los cactos: protegerlo del frío

extremo, regarlo poco (dejando que la tierra se seque entre riegos) y permitir que le dé bastante luz.


En cuanto a la tierra, puede usarse el sustrato comercial para los cactos,

mezclado, a partes iguales, con tierra normal que podemos coger del campo.

Quien cultive la planta se puede preparar su propio kanna, cortando las ramas que desee y machacándolas.


Después hay que colocar todo el material en una bolsa de plástico

sellada y ponerla al sol durante una semana, para que seque y fermente. Ese es el

método tradicional de preparación para aprovechar toda su actividad y para reducir sus niveles de oxalatos, que pueden ser perjudiciales para la salud.

Una vez seca, se puede consumir tal como haya quedado, o bien molerla en un molinillo para obtener la forma más fácil de manejar y más concentrada. Ciertamente, causa cierto placer cultivar uno mismo lo que después va a consumir, pero quien no sea amigo de complicaciones puede comprar por Internet kanna molido de buena calidad, a un precio muy económico.


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sábado, 2 de agosto de 2014

EL CONSUMO DE OPIO EN ROMA


En Roma se regulan las drogas por la Lex Cornelio y aunque se utilizan muchas sustancias es el opio el que más se utilizaba en los tratamientos del dolor y para olvidar los problemas de la vida (Torres et al. 1997: 12).



La Lex Cornelio es el único precepto genérico sobre sustancias modificadoras del ánimo, que estuvo vigente desde tiempos republicanos hasta la decadencia del Imperio. Relacionado con drogas aparece también un edicto de Alejandro Severo, que como consecuencia de algunas intoxicaciones, prohíbe usar manzanas espinosas (una datura) y polvo de cantáridas o mosca española en los burdeles napolitanos. O Agripina, mujer del emperador Claudio, al que asesinó con un plato de amanita phalloides mezclado con amanita caesarea (Castillo y Col. 2007: 47). Pero las plantas fundamentales en Roma son la vid y la adormidera.


Claudio Galeno
Claudio Galeno ejerció la medicina en los reinados de Marco Aurelio, Comodo y Septimo Severo, en el siglo II d. C. (129-199). Puede decirse que fue el médico más importante de la antigüedad, dividió las sustancias según cuatro cualidades y cuatro intensidades y su sistema fue muy popular en su momento hasta toda la Edad Media. Nació en Bérgamo (hoy Turquía), una ciudad famosa por sus plantas de adormidera y su templo a Asklepios, donde quizá se inició tempranamente en la terapia del sueño templario que llegaba a sanar al enfermo directamente a través del sueño según el procedimiento de la incubatio. El hecho de haber¬se encontrado instrumental médico en el transcurso de las excavaciones del templo, forceps en forma de pinzas y sonda de oído, y la sala del comedor parece reproducir la morada del dios Hypnos.



Galeno

Galeno concibe el jugo de adormidera como paradigma vegetal mágicamente activo que constituye a la vez veneno y remedio; se trata de una sustancia que cura y que mata. Cura porque parece matar y no amenaza vanamente, ya que para Galeno es «frío en cuarto grado», al igual que la cicuta, mientras sustancias como la mandrágora pertenecen al tercero. Ningún otro fármaco posee una potencia soporífera o analgésica comparable, y justamente eso hace de él un recurso necesario para múltiples terapias, sobre todo las de dolor. Galeno discrepa de aquellos que opinan que es una sustancia inútil o perjudicial para los dolores de ojos, y mantiene que “dos colirios de opio calman los dolores de ojos”. Por lo que respecta a sus principales virtudes, enfriar y aturdir, resultan de evidente utilidad.
Por Galeno también sabemos que era normal ofrecer cannabis en reuniones sociales de clase alta, costumbre aprendida de la sociedad ateniense o quizá de los celtas. Según la costumbre romana y por Galeno con el cannabis se resuelven las ventosidades pero arruina la virtud genital si el consumo es en exceso, además la semilla se digiere muy mal, produce dolor de cabeza y genera malos humores (Ruiz, 2005: 88). 
Para los estados depresivos Galeno recomendaba un antídoto realizado con lirio, mandrágora, flores de tilo, opio y recula. Galeno triunfa en Roma como médico científico de la elite social romana, elaborando su célebre triaca magna.


EL OPIO ROMANO



Ya Eneas había dado opio a Atlas para aliviar su dura suerte. Cuenta Livio que Tarquino el Soberbio cortó las cabezas de las mayores adormideras como símbolo de la conducta a tomar ante unos conjurados, y Plinio el Viejo no vacila en decir que «la adormidera siempre gozó de favor entre los romanos».

Deméter, en recuerdo de la sustancia que alivió su dolor por la pérdida de Perséfone, aparece representada con adormideras. También acompañaba la adormidera a Afrodita en ocasiones, a Artemisa y hasta a Atenea. Ceres, la versión latina de Deméter, porta una cápsula o un ramillete de adormideras. La diosa usaba opio para olvidar los pesares, y a veces lo administraba a otros a través de Somnus como cuando interviene para mantener a Aníbal alejado de Roma en el poema de Silla:
«En su cuerno tiene preparado ya el jugo, se apresura en la noche sin ruido, hacia la tienda del cartaginés, y derrama sobre sus ojos la sedante rociada».
En el arte mediterráneo antiguo la adormidera constituye un símbolo del sueño reparador que aparta las zozobras de la desapacible vigilia y sus recuerdos. Virgilio habla de «cápsulas impregnadas por el sueño del olvido». Somnus aparece casi siempre representado en forma de un ser antropomórfico y barbudo, que se inclina hacia el durmiente y escancia sobre sus párpados jugo de adormidera desde un cuerno como los empleados para beber. La imagen se hizo tan habitual que el recipiente llegó a llamarse en lo sucesivo el “cuerno de opio”.


LAS TRIACAS


La triaca era una preparación compuesta por varios ingredientes distintos, en algunos casos formado por más de 70 ingredientes de origen vegetal, mineral o animal. La mayoría de ellos incluía opio. Se usó desde el siglo III a. C., originalmente como antídoto contra venenos, incluyendo los derivados de mordeduras de animales, y posteriormente se utilizó también como medicamento contra numerosas enfermedades, siendo considerado un remedio universal.


Por lo que respecta a los emperadores romanos, una alta proporción consumía generosamente opio, tanto en forma independiente como en triacas. El jefe de los médicos de Augusto fue Filonio, inventa una triaca compuesta de pimienta blanca, espinacardo, opio y miel para que César lo utilizase de forma diaria. Tiberio, su sucesor, se trasladó a Capri para seguir consumiendo su excelente opio. En cuanto a Nerón, su médico de confianza, Andrómaco de Creta, inventó el llamado antidotus tranquillans, hecho con un 30% de opio y un 70% de otras sustancias, entre las que destacaba la carne de víbora. Nerón llegó a tomar un cuarto de litro de esa triaca a diario, lo que equivale a 75 gramos de opio puro, y Tito murió quizá de sobredosis de esta triaca. El médico de Trajano, Critón, inventó otra triaca consumida a diario por su emperador, y se sabe que Antonino Pío empleaba otra, compuesta por más de cien ingredientes. El hito en esta línea fue la llamada triaca magna o galénica, receta favorita de la farmacopea árabe y europea hasta el siglo XVI, cuya proporción de opio alcanza el 40%. Además de la triaca, Marco Aurelio desayunaba una porción de opio grande como un haba de Egipto y mezclada en vino por prescripción de Galeno, y así lo hizo durante más de veinte años. El fármaco fue empleado para terapia agónica y como eutanásico por Nerva, Trajano, Adriano, Septimio Severo o Caracalla.


Los emperadores que les siguieron parecen haberse inclinado más por las bebidas alcohólicas. Heliogábalo, Galerio, Maximino y Joviano eran alcohólicos declarados, y hasta Alejandro de Tralles, médico de Justiniano, que escribe sobre medicina en doce libros, no se inventa un nuevo compuesto opiado de perdurable empleo en Occidente. Para lo sucesivo, hasta el florecimiento de la medicina árabe, van a ser los médicos bizantinos quienes conserven las complicadas recetas triacales. De las diversas dinastías imperiales, la más incondicionalmente volcada hacia el uso del opio parece haber sido la de los Antoninos (Adriano, Trajano, Marco Aurelio y Antonino Pío).



Opio

Las plantas que utilizaban



Los primeros análisis sistemáticos de botánica terapéutica corresponden a Pedanio Dioscórides de Anazarba (40-90), que nació en Cilicia (Asia Menor). Fue un griego cirujano militar en tiempos de Clauidio y de Nerón, cuya De Materia Médica constituye el tratado farmacológico más notable e influyente de los tiempos antiguos, con 600 plantas, 90 minerales y 30 sustancias de origen animal. Al igual que Hipócrates se dice que Dioscórides viajó hasta el templo de Imhotep, en Menfis, para familiarizarse con los conocimientos egipcios sobre toda suerte de sustancias. Su tratado menciona muchas veces el opio, enumerando variedades, modos de preparación y virtudes:


“Esta medicina quita totalmente el dolor, mitiga la tos, reprime los humores que destila la caña de los pulmones, refrena los flujos estomacales y aplicase con agua sobre la frente y sienes de quienes dormir no pueden. Pero tomándose en gran cantidad ofende, porque hace letargia y despacha”.
Prácticamente lo mismo piensa Cayo Plinio Segundo el Viejo (23 a. C.-79 d. C.), autor de una ingente Historia natural que en su libro XX contiene una circunstanciada descripción del opio. Es interesante ver cómo sale al paso de unos médicos que consideraban demasiado tóxico el opio:


“Con opio murió Bavilo en España, padre de Publio Licinio Cecina, hombre de rango pretorial, cuando una insufrible enfermedad le había hecho la vida odiosa, y también otros varios. Y por usado tantos para morir surgió una gran controversia. Diágoras y Erasístrato lo condenaron como fármaco mortífero y Andreas dijo que sólo porque se adultera en Alejandría su uso oftálmico no produce inmediata ceguera. Sin embargo, su uso no ha sido reprobado después, bajo la forma del famoso diacodiom” (Burton, 1876:290).


Cosa prácticamente idéntica dice Dioscórides, aunque saliendo en defensa del opio: 
“Diágoras, según cuenta Erasístrato, reprobó el uso del opio en el dolor de oídos y en la inflamación de los ojos, como cosa que embota la vista y engendra muy graves sueños. Añade Andreas que los ojos que se untaren con opio puro, no adulterado, cegarán luego. Menesidemo dice que debemos solamente usar de su olor, por ser provocativo de sueño, y que si de otra arte le administramos, daña, las cuales cosas son falsas y reprobadas por la experiencia, visto que las fuerzas del opio se declaran por sus efectos.”



Planta de opio

Aspectos morales y mercantiles del opio


Es curioso que no existan referencias a la adicción al opio. Ni Dioscórides, ni Escribonio, ni Galeno, ni médico alguno clásico mencionan que el opio produzca un acostumbramiento, ni “mono” ni nada parecido. Al contrario, se sigue el criterio de ir tomando el opio poco a poco, hasta conseguir una “familiaridad” que evite el peligro de intoxicaciones agudas. Se utilizaba para provocar el sueño, luchar contra el dolor y para la eutanasia. 


De esta regla no se excluyen tampoco los detractores antes mencionados (Diágoras, Erasístrato, Andreas), que no se oponen al opio por adictivo sino por demasiado tóxico, considerándolo inútil en la cura de ciertos trastornos específicos. Es evidente que para los romanos el hábito de consumir opio no se distinguía del hábito de comer ciertos alimentos, practicar sexo, hacer ejercicios físicos o irse a dormir y levantarse a alguna hora determinada. No se trataba de una panacea, pues su capacidad para anestesiar ciertos males y remediar otros llevaba consigo como evidente precio poner en peligro la vida.


Queda por mencionar la situación del mercado romano del opio. Esta sustancia tenía una fuerte demanda, variedad de calidades y diversos procedimientos de elaboración. Esto hizo que, junto a la adormidera, extraída de los jardines y huertos privados, floreciese un comercio de opio egipcio, llamado “tebaico” y mesopotámico, exportado desde Alejandría, que todos los expertos en botánica medicinal denuncian como fuente de falsificaciones y estafas. Escribonio Largo, por ejemplo, pide para sus recetas el látex extraído mediante incisiones en las cápsulas de la adormidera, y tanto Dioscórides como Plinio enumeran criterios para evitar la estafa de comprar opio de baja calidad.


Según Dioscórides: 


“Tiénese por excelentísimo el grave, el espeso, el que, olido, hace luego dormir, el amargo al gusto, el que fácilmente se disuelve en agua, el que no es áspero ni granado, el que no se cuaja como la cera cuando le cuelan, el que puesto al sol se derrite”.


Para Plinio:


“La principal prueba del opio es su olor, siendo casi insufrible el del puro [...]. La siguiente mejor verificación consiste en exponerlo a una luz, pues debe arder con una llama luminosa y clara, y oler sólo al apagarse; el opio adulterado no se comporta así. Resulta también más difícil de prender, y se apaga continuamente. Una verificación adicional de opio puro se hace mediante el agua, sobre la cual flota como una leve nube, mientras el impuro se congrega en espumas. Pero especialmente maravilloso es que el opio puro se detecte por el sol estival. Pues el opio puro suda y se funde hasta parecer jugo recién cogido. Menésides piensa que el mejor modo de conservarlo es añadiendo semilla de beleño”.


Estas minuciosas precisiones sólo se explican para defender al comprador de lo que le espera si acude a comprar sin cautela. Dioscórides afirma:
«Falsifícanle mezclando glaucidio con él, o la goma arábiga, o el zumo de lechugas salvajes. No faltan algunos desvariados que lo sofistiquen con sebo»


El precio del opio controlado


Como hemos comentado la demanda de opio en Roma excedía con mucho la oferta. A la pluralidad de puntos de venta y al gran número de usuarios se añadía, además, el hecho de ser una mercancía de precio controlado por el Estado, con la cual los emperadores no permitían especular con su precio. Esto se debía probablemente a razones humanitarias, ya que una inflación del precio del opio dejaría a una buena parte de los ciudadanos sin recursos para adquirir un bien de primera necesidad, como el pan, la sal o la lana. La política de control estatal pudo deberse también al propósito de evitar una seria fuga de divisas hacia Asia Menor, donde se encontraban las mayores plantaciones aunque Roma controlase tal territorio y dicho producto tuviera un impuesto sobre la venta. En Roma el opio se consideraba como un medicamento más y tenía que estar accesible a sus ciudadanos. En el año 312, un censo fiscal indicaba que existían 793 tiendas dedicadas a la venta de opio cuyo volumen total de negocio proporciona un 15% de la recaudación tributaria global. Un siglo antes, en el año 214, reinando Caracalla, un inventario de las despensas del palacio imperial indicaba como una de sus partidas era de 17 toneladas de opio.
A mediados del siglo I Plinio el Viejo, que suele mencionar los precios de todas las drogas caras, no hace ninguna referencia a tal cosa en relación con el opio. Al iniciarse el siglo IV, concretamente en el año 301, el edicto de Diocleciano sobre precios fijó el del modius castrense de opio -con capacidad para 17,5 litros- en 18 denarios, cuantía que era asequible si se compara con los 80 denarios que costaba el kilo de hachís.


Actualmente donde ambas drogas son ilegales y su tráfico se castiga con penas iguales o superiores a las previstas para el homicidio, el opio viene a valer de diez a veinte veces más que el hachís, mientras en Roma, donde ambas eran legales, sucedía justamente lo contrario. Por otra parte, en Roma consumir hachís egipcio era una rareza, mientras el opio se consideraba existencia mínima en el hogar de cualquier ciudadano romano (Escohotado, 1999).


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EL CONSUMO DE OPIO EN ROMA

viernes, 1 de agosto de 2014

(DMT) N-DIMETILTRIPTAMINA

No tenemos imaginación suficiente para hacernos una idea de lo que nos perdemos. (Jean Toomer)




Introducción. Ciencia y sociedad.


La historia del uso de plantas, hongos y animales por el hombre, por su efecto psicodélico, es muy anterior a la historia escrita, y precede la aparición de la moderna especie humana. Ronald Siegel y Terence McKenna proponen incluso que nuestros ancestros simiescos imitaron otros animales comiendo cosas que causaban un comportamiento inhabitual. De este modo descubrieron las primeras substancias causantes de alteraciones mentales.


Cada vez son más los estudios que afirman la utilización de psicodélicos por parte de antiguas culturas por su efecto sobre la conciencia. Arqueólogos han descubierto antiguas representaciones africanas de hongos creciendo en un cuerpo humano, y recientes descubrimientos en arte rupestre prehistórico en Europa Septentrional sugieren la notable influencia de una consciencia psicodélicamente alterada.


Ciertos autores han emitido la hipótesis de que el lenguaje se desarrolló a partir de una comprensión y asociación psicodélica derivadas de los sonidos bucales emitidos por los primeros homínidos. Otros aseveran que son los estados psicodélicos los que han proporcionado las bases de la conciencia humana más antigua en materia espiritual y por tanto religiosa.


Las visiones, estados extáticos, y el despegue de la imaginación posibilitados por las drogas psicodélicas dieron a dichas substancias un papel importante en las más antiguas culturas. Varios siglos de investigación antropológica han demostrado que esas sociedades hacían uso de psicodélicos para mantener una cohesión y solidaridad social, contribuir en las artes curativas y e inspirar la creatividad artística y espiritual.


Los indígenas del “Nuevo Mundo” utilizaban, y continúan utilizando, una amplia gama de hongos y plantas psicotrópicas. La mayor parte de cuanto sabemos sobre psicodélicos procede del análisis químico de substancias químicas encontradas en materiales del hemisferio occidental: DMT, psilocibina, mescalina, y diversos compuestos similares al LSD.


“Cristales ultrapuros de DMT”“Cristales ultrapuros de DMT”


La profundidad y amplitud de los usos de plantas psicodélicas por los habitantes del “Nuevo Mundo” sorprendió y alarmó a los colonos europeos. Esta reacción puede ser explicada en parte a la relativa falta de plantas y hongos alucinógenos en Europa, aunque también se explica por la asociación de estas substancias con la brujería. La iglesia reprimió eficazmente toda información relativa al empleo de estas substancias en el Viejo y Nuevo Mundo, persiguiendo a los practicantes y transmisores de tales enseñanzas. Tan sólo a lo largo de los últimos cincuenta años se tuvo conocimiento que la práctica de rituales con hongos sagrados por los indios de México no desapareció en el S.XVI.


En Europa, el interés por las plantas o drogas psicodélicas y el acceso a ellas fue muy limitado hasta finales del S. XIX., cuando ciertos autores describieron los efectos psicodélicos del opio y el hachís (C. Baudelaire y Th. De Quincey), pero la dosis requerida para llegar a tales efectos fue considerada difícil de consumir, excesiva y peligrosa.


Mescalina


Peyote (Lophophora Williamsii)Peyote (Lophophora Williamsii)


La situación empezó a cambiar con el descubrimiento de la mescalina en el peyote, un cactus del nuevo mundo. En la última década del S.XIX, varios químicos alemanes aislaron mescalina a partir del peyote. Los primeros que la probaron alabaron la capacidad de éste para abrir “paraísos artificiales”. Sin embargo, las desagradables nauseas producidas por la substancia podrían relacionarse con la consiguiente falta de interés, no dando lugar en los medios psiquiátricos y médicos más que a un limitado número de artículos sobre ella hasta finales de los años 30. Otro motivo de tal falta de interés por la mescalina fue la predominancia en aquella época del psicoanálisis freudiano en el campo de la psiquiatría. Si Freud tuvo interés por drogas causantes de alteraciones mentales como la cocaína y tabaco, ya no fue el caso de sus discípulos. Freud rechazó la religión, y creyó que la espiritualidad y religiosidad no eran sino defensas contra miedos y deseos pueriles. Tal actitud no favoreció la investigación de la mescalina, substancia inherente a connotaciones de espiritualidad india.


LSD


En 1938, el químico suizo Albert Hofmann desarrolló un estudio sobre el cornezuelo del centeno para la división de productos naturales de Laboratorios Sandoz, importante grupo farmacéutico. Pretendía descubrir una substancia que pudiera contribuir a paliar el sangrado uterino tras el parto. Uno de los compuestos del cornezuelo era el LSD-25 (lysergic aciddyethylamide). Las pruebas realizadas con úteros animales dieron pocos resultados y Hofmann pronto lo dejó de lado. Sin embargo, cinco años más tarde “un curioso presentimiento” incitó a Hofmann a volver a examinar el LSD, y fue entonces cuando descubrió de forma accidental sus potentes propiedades psicodélicas.


Lo más destacable del LSD es que provoca efectos psicodélicos en dosis de millonésimas de gramo, lo cual significa que tiene mil veces la fuerza de la mescalina. De hecho, Hofmann se provocó a sí mismo prácticamente una sobredosis con una cantidad que el mismo juzgó demasiado pequeña para poder alterar la mente: ¼ de mg. Hofmann y sus colegas suizos no tardaron en publicar sus descubrimientos a principios de los años 40. A causa de las tremendas alteraciones mentales producidas por el LSD, los científicos decidieron subrayar sus propiedades “psicóticas”.


Los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial fueron apasionantes para la psiquiatría. Además del LSD, los científicos descubrieron las propiedades antipsicóticas de la torazina. El empleo de dicho neuroléptico mejoró sorprendentemente el estado de numerosos pacientes afectados por graves enfermedades mentales. El dominio contemporáneo de la “psiquiatría biológica” nació pues estos años. Esta disciplina, que estudia la relación entre el estado mental humano y la química cerebral fue hija de esta extraña pareja, el LSD y la torazina. Siendo el intermediario de ambas la serotonina.


En 1948, un grupo de investigadores descubrieron que la serotonina presente en la sangre estaba ligada a la construcción de los músculos de las paredes de arterias y venas, lo cual fue de una importancia capital para la comprensión de la forma en que el proceso hemorrágico podía ser controlado. “Serotonina” procede del latín serum, suero,ytonus, tensión.


Durante los años 50, otro grupo de investigadores repararon en la presencia de serotonina en el cerebro de diversos animales, mostrando su precisa localización y efectos sobre las funciones eléctricas y químicas de las células nerviosas. Las drogas o cirugía que modifican las regiones que contienen serotonina en el cerebro alteran profundamente el comportamiento sexual y agresivo, así como el sueño, vigilia y todo un abanico de funciones básicas. La presencia y función de la serotonina en el cerebro y el comportamiento la confirmó como el primero neurotransmisor conocido.


Así mismo, los científicos repararon en la similitud de las moléculas de LSD y serotonina, rivalizando ambas en muchas zonas cerebrales. En muchas casos, el LSD bloquea los efectos de la serotonina, en otros, imita su efecto. Tales descubrimientos hicieron del LSD la herramienta disponible más eficaz para establecer una relación cerebro-mente.


Investigaciones de campo


Decenas de científicos administraron en todo el mundo una amplia gama de psicodélicos a millares de voluntarios sanos y pacientes psiquiátricos. Durante dos decenios, dichos experimentos fueron subvencionados generosamente por fondos gubernamentales o privados, dando lugar a la publicación de infinidad de artículos y libros, así como a conferencias y encuentros internacionales en los que se debatían los últimos descubrimientos de la investigación en materia psicodélica.


Los laboratorios Sandoz distribuyeron LSD a diversos investigadores para poder provocar un estado psicótico controlado a voluntarios sanos. Los científicos confiaban en que tales experimentos pudieran dar luz a los desarreglos psicóticos naturales como la esquizofrenia. También recomendaron proporcionar dosis de LSD a trabajadores de servicios psiquiátricos, para ayudarles a sentir empatía hacia sus pacientes psicóticos. Estos jóvenes médicos quedaron marcados por tal acercamiento temporal con la locura. El abrupto encuentro con recuerdos y sentimientos inconscientes llevaron a los psiquiatras a creer que las propiedades relajantes para la mente podrían mejorar la psicoterapia.


“Tabletas azules de gel de LSD”


“Tabletas azules de gel de LSD”


Numerosos estudios sugirieron entonces que los mecanismos ordinarios de terapia mediante discusión podrían ser más eficaces mediante el empleo de psicodélicos. Decenas de artículos científicos mencionan el tremendo éxito en prácticas con enfermos incurables con síntomas obsesivo-compulsivos, estrés pos-traumático, trastornos alimenticios, angustia, depresión, alcoholismo y otras dependencias químicas como a la heroína y cocaína.


El rápido avance descrito por los investigadores que llevaron a cabo “psicoterapias psicodélicas” incitó a otros investigadores al estudio de los efectos benéficos de tales drogas en pacientes en fase terminal, consumidos por el dolor y la enfermedad. La psicoterapia psicodélica, aunque con pocos efectos sobre los estados patológicos subyacentes, dio lugar notables efectos psicológicos. La depresión se disipaba, la demanda de fármacos contra el dolor disminuía considerablemente, y la aceptación de los pacientes hacia su y enfermedad y pronóstico fue mayor. Además, pacientes y familias parecían adquirir capacidad para hacer frente a profundos problemas emocionales de un modo desconocido hasta entonces. Ciertos terapeutas creyeron entonces que una experiencia transformadora, mística o espiritual era la que daba origen a tales reacciones milagrosas a la psicoterapia psicodélica.


LSD-2D 3DLSD-2D 3D


Pronto se reparó en que las experiencias descritas por voluntarios bajo la potente influencia de psicodélicos eran sorprendentemente similares a las vivencias de los practicantes de formas orientales de meditación. Los puntos en común entre alteración de la conciencia inducida por drogas psicodélicas y la provocada por meditación, llamó la atención de escritores y filósofos como Huxley, que hizo sus propios experimentos con LSD y mescalina, extremadamente ricos y positivos, bajo la tutela del psiquiatra canadiense H. Osmond durante las sucesivas visitas que le hizo a su residencia de Los Angeles durante los años 50. Huxley no se demoró en describir tales experiencias y las fantasías que le inspiraron. Sus escritos sobre la naturaleza y valor de la vivencia psicodélica fueron cautivadores y elocuentes e inspiraron a un buen número de investigadores para llevar a cabo experimentos destinados a acceder a la iluminación espiritual mediante el empleo de psicodélicos. Si bien sus ideas provocaron un movimiento masivo a favor de los psicodélicos, Huxley era un firme partidario de la limitación a su acceso, no debiendo reservar su uso más que a una élite de intelectuales y artistas, lejos de creer en que la población común pudiera estar preparada para sacar provecho de tales experiencias sin riesgo alguno.


Prohibición


Sin embargo, los estudios sobre enfermedades incurables, y la comparación de los efectos de las drogas psicodélicas con los de determinadas experiencias místicas, enredaron de un modo nefasto ciencia y religión. La investigación comenzó a alejarse demasiado del programa original de los Laboratorios Sandoz.


Para complicar aún más las cosas, durante los años 60 el LSD se fugó de los laboratorios. Un sin fin de noticias sobre suicidios, urgencias, asesinatos, malformaciones de fetos, alteraciones cromosómicas, invadió los medios de comunicación, lo cual, añadido al abandono total de principios por Timothy Leary y su equipo de investigadores en la Universidad de Harvard reforzó la sospecha de que ni siquiera los científicos podían controlar tan poderosas substancias.


“Nixon vs. LSD”“Nixon vs. LSD”


Los medios de comunicación exageraron las consecuencias negativas fisiológicas y psicológicas de las drogas psicodélicas. Numerosos artículos fueron fruto de investigaciones superficiales, otros no eran más que pura invención. Posteriores publicaciones desmintieron las acusaciones de alta toxicidad y deterioro cromosómico de los psicodélicos pero estos estudios apenas tuvieron eco después de tanta mentira. Una ola de artículos con descripciones de “malos viajes”, reacciones negativas a los psicodélicos empezaron a invadir la literatura psiquiátrica. Pero estaba claro que el índice de complicaciones psiquiátricas era extraordinariamente bajo en sesiones controladas, ya sea con voluntarios normales o pacientes. Sin embargo, cuando personas inestables o con problemas psiquiátricos tomaban psicodélicos impuros o desconocidos, combinados con alcohol y otras drogas de modo descontrolado y sin una vigilancia adecuada, los problemas era evidentes.


Como reacción a la ansiedad del público norteamericano por el uso descontrolado del LSD, y dejando de lado toda objeción procedente del medio científico, el congreso de EE.UU. promulgó en 1970 la ley que ilegalizó el LSD y demás psicodélicos. El gobierno provocó que la comunidad científica dejara de lado sus proyectos, poniendo todo tipo de trabas para conseguir una partida de substancias con las cuales llevar a cabo cualquier investigación al respecto y hacer florecer nuevos estudios. Los fondos se vivieron inexistentes y los investigadores abandonaron sus experimentos. Con la nueva ley sobre estas substancias, el interés por la investigación desapareció tan rápidamente como la forma en que se inició. Era como si tales substancias jamás se hubieran descubierto.


Evolución


Si se tiene en cuenta el intenso ritmo de investigación en materia de psicodélicos hasta hace apenas 40 años, no se puede uno más que sorprender por la total inexistencia que se les reserva en el actual panorama médico y psiquiátrico. Los psicodélicos constituyeron el pilar del desarrollo de la psiquiatría durante más de veinte años. Hoy en día, el desconocimiento de las nuevas generaciones de médicos y psiquiatras sobre la materia es total.


La evolución del estudio científico en materia de psicodélicos ha seguido un proceso muy poco natural. Comenzaron su carrera como “remedios milagrosos” para pasar a ser al poco tiempo “drogas abominables”, no dando lugar a más.


Si los estudiantes de medicina y psiquiatría saben tan poco acerca de las drogas psicodélicas, esto no se debe a las conclusiones de la investigación en la materia, sino a la manera en que acaba dicha investigación, que desmoralizó profundamente a la psiquiatría universitaria, que tuvo que dar completamente la espalda a los psicodélicos.


La investigación psicodélica fue un capítulo hiriente y humillante en la vida de tantos científicos eminentes, los más brillantes y mejores psiquiatras de su generación. Los investigadores psiquiátricos europeos y norteamericanos más respetados en la actualidad, tanto en medios universitarios como por la industria farmacológica, forjaron su vida profesional en la investigación de psicodélicos. Los miembros más influyentes de la profesión descubrieron que la ciencia, el trabajo y la razón eran incapaces de defender sus estudios ante la promulgación de leyes represivas alimentadas por la opinión pública, la emoción y los medios de comunicación.


Desde el preciso instante en que tales leyes se aprobaron, el control gubernamental así como la financiación pública y privada retiraron rápidamente autorizaciones, suministro de drogas y dinero para el estudio. Las drogas psicodélicas, que los investigadores estimaban como claves excepcionales para la curación de enfermedades mentales y tomas de conciencia se convirtieron en objeto de temor y de odio.


Un problema más se añadió. Los psicodélicos se convirtieron en objeto de disputa en el seno de la psiquiatría misma. Los psiquiatras puristas de la biología como una fuente dejaron de tolerar a todos sus colegas “atrapados por la religiosidad” y que ensalzaban los poderes curativos y espirituales de estas drogas. Éstos últimos consideraron a los partidarios del “todo cerebral” como estrechos de mente y limitados. La psiquiatría nunca estuvo de hecho a gusto con ninguna cuestión espiritual, y esto dio lugar a que toda una nueva cohorte de profesionales se centrara en poner en tela de juicio cualquier resultado de investigaciones sobre psicodélicos, dando lugar a la “teoría y práctica transpersonal”. De este modo, ciertos investigadores en materia de psicodélicos encontraron el modo de deshacerse de los complejos y contradictorios efectos que tales drogas causaban en sus pacientes y ellos mismos.



La falta de interés actual en el medio universitario puede comprenderse por la total ausencia de continuidad en materia de investigación con voluntarios. Sin embargo, es común que en la formación de futuros médicos se hable de teorías y técnicas pasadas, inclusive de todas aquellas caídas en desuso… desde los años 70, parece que las drogas psicodélicas nunca hubieran existido en el ámbito universitario y médico. Esto hasta mediados de los años 90, momento en que el Dr. Strassman organiza un seminario de investigación sobre drogas psicodélicas para internos en psiquiatría en la Universidad de Nuevo México. Probablemente la única desde hacía décadas.


Mejor conexión que el wifi!


DMT por todas partes


Químicamente simple, el DMT permite sin embargo a nuestra consciencia acceder a las más increíbles e inesperadas visiones, pensamientos y sensaciones, abriendo la puerta a mundos fuera del alcance de nuestra imaginación.


El DMT existe en nuestro cuerpo y en el reino animal y vegetal. Forma parte de la constitución ordinaria de humanos y otros mamíferos, animales marinos, hierbas y semillas, sapos y ranas, hongos y moho, corteza, flores y raíces.


El alquimista psicodélico Alexander Shulgin dedica todo un capítulo al DMT en su extenso compendio Tikhal: Tryptamines I Have Known and Loved. En este capítulo titulado “DMT en todas partes”, subraya: “El DMT está… en esa flor, en aquel árbol, en ese otro animal… está presente prácticamente en cualquier lugar donde miremos”. Pero donde más abunda el DMT es en ciertas plantas de América Latina. Lugares donde el hombre conoce sus sorprendentes propiedades desde hace docenas de miles de años.


Viaja a nuevas y exóticas dimensiones!Viaja a nuevas y exóticas dimensiones!

A mediados del S.XIX, dos exploradores amazónicos, el inglés Richard Spruce y el alemán Alexander von Humboldt, describieron por primera vez los efectos de tomas y brebajes exóticos psicotrópicos elaborados a partir de plantas por tribus indígenas. Los indígenas de América Latina siguen realizando estas tomas, denominadas yopoepenajurema. Consisten en enormes dosis, hasta de 30gr. o más. Existe una técnica espectacular, que consiste en que un ayudante del consumidor insufla la mezcla en la nariz de éste mediante un tubo. La fuerza del soplo ha de ser suficientemente fuerte como para tumbar al receptor. Spruce y Von Humboldt relatan cómo los indígenas se sumergen de forma inmediata en un estado delirante acompañado de vómitos, sudores y contorsiones incoherentes. Estos primeros exploradores escucharon historias de visiones fantásticas, “viajes fuera del cuerpo”, predicciones, localización de objetos perdidos, y contacto con ancestros y demás entidades etéreas.


Otro preparado vegetal, consumido en forma de brebaje, parecía producir efectos similares, aunque no de forma tan espontánea. La Ayahuasca o Yagé es fuente de inspiración de infinidad de obras artísticas rupestres y pinturas presentes en construcciones indígenas, lo cual denominaríamos en nuestros días “arte psicodélico”.


Mientras las muestras de plantas traídas por estos dos exploradores languidecían en los archivos de algún museo de historia natural, el químico canadiense R. Manske, en una investigación independiente, sintetizó una nueva droga llamada N,N-dimetiltriptamina, o DMT, a partir de la fresa arborescente, un arbusto presente en el continente norteamericano. Por lo que se sabe, Manske sintetizó el DMT, tomó nota de su estructura, y guardó el producto en algún cajón olvidado de su laboratorio. Nadie conocía entonces la existencia del DMT en las plantas psicotrópicas, sus propiedades psicodélicas o su presencia en el cuerpo humano. El interés de los científicos no se despertó hasta bien acabada la Segunda Guerra Mundial.


DMT por todas partesDMT por todas partes

El descubrimiento del LSD y de la serotonina quebrantó a principios de los años 50 los cimientos de la psiquiatría freudiana, sentando a la vez las bases de la neurociencia. El interés de los científicos por los psicodélicos , que empezaron a llamarse a sí mismos “psicofarmacólogos”, les llevó buscar los ingredientes activos mediante el análisis de cortezas, hojas, raíces y semillas de plantas descritas como psicodélicas 100 años atrás. La familia de las triptaminas fue un centro de interés evidente por ser el LSD y la serotonina ellas mismas triptaminas.


Viaja con los laboratorios Sandoz!Viaja con los laboratorios Sandoz!

El precursor: Stefan Szára


En los años 50, el químico y psiquiatra húngaro Stefan Szára conoció en profundidad y se interesó por el efecto psicotrópico del LSD y de la mescalina, por lo que decidió encargar un poco de LSD a los laboratorios Sandoz con el fin de llevar a cabo sus propios estudios sobre la química de la consciencia. Puesto que Szára vivía detrás del telón de acero, la sociedad farmacéutica suiza no accedió a mandarle el pedido, por temor a que el potente LSD cayese en manos de los comunistas. Tal rechazo no le desanimó sino que le incitó a estudiar todo lo relativo al DMT, que sintetizó en su laboratorio de Budapest en 1955.


Szára ingirió dosis crecientes de DMT sin sentir efecto alguno, lo cual le llevó a preguntarse si algo en el sistema gastrointestinal impedía la absorción del DMT, planteándose la inyección por vía intramuscular del mismo. Tal presentimiento precedió el descubrimiento del mecanismo intestinal que disuelve el DMT ingerido por vía oral –mecanismo que los indígenas sudamericanos habían aprendido a esquivar hace miles de años. Decidido a ir el primero, en 1956, Szára se inyectó una intramuscular de DMT, de aproximadamente la mitad de una dosis “completa”: “Al cabo de 3 o 4 minutos, empezaron las sensaciones visuales, similares a las descripciones de Hofmann y Huxley sobre el LSD y la mescalina. Era apasionante. Estaba claro que había descubierto el secreto.” Tras multiplicar la dosis por dos: “Los síntomas físicos hicieron su aparición. Ligero picor, temblores y náuseas, dilatación de las pupilas, aumento de la tensión y del ritmo cardiaco. Todo acompañado de fenómenos eidéticos, claras representaciones alucinatorias, imágenes o trazas de objetos percibidos visualmente, ilusiones ópticas y alucinaciones que consistían en motivos orientales de vivos colores en movimiento. Más adelante vi maravillosas escenas alterándose rápidamente. Los rostros de las personas parecían máscaras. Mi estado emocional llegaba hasta la euforia. Mi conciencia estaba disuelta en alucinaciones y mi atención quedaba firmemente ligada a ellas. Al cabo de ¾ de hora los síntomas desaparecieron y pude describir estos efectos.”


Szára


SzáraTrabajo de campo: DMT versus LSD


Szára reclutó rápidamente a 30 voluntarios, la mayor parte jóvenes colegas médicos de Hungría. Todos recibieron dosis psicodélicas. La experiencia de uno de esos jóvenes: “El mundo entero brilla… la estancia está repleta de espíritus. Causa vértigo… Ahora, es lo más! Tengo la sensación de volar… por encima de la tierra, por encima de todo. Me reconforta saber que estoy de vuelta. Todo tiene un tinte espiritual, pero muy real… siento que por fin aterrizo.


Otra joven médico transcribió: “Todo es tan sencillo. Ante mí se encuentran dos dioses en calma, bajo la luz del sol… y pienso que me acogen en este nuevo mundo. El silencio es tan profundo como en el desierto… Por fin estoy en casa… Juego peligroso… Sería tan fácil no regresar. Apenas tengo consciencia de ser médico, pero esto no es importante: lazos familiares, estudios, proyectos y recuerdos se hallan ya demasiado lejos y sólo este mundo es importante, soy libre y estoy totalmente sola.”


Occidente había descubierto el DMT. Y el DMT había entrado en su consciencia.


Disolución de conscienciasDisolución de consciencias a pesar de algún “mal viaje” provocado ocasionalmente en alguno de sus voluntarios, a Szára le gustaba particularmente el DMT por su corta acción. Era relativamente fácil utilizarlo, totalmente psicodélico, y las experiencias podían llevarse a cabo en pocas horas. Tras escapar de Hungría con una buena cantidad de DMT a finales de los años 50, se encontró en Berlín con otro colega que le introdujo a su vez en sus estudios sobre el LSD. Szára pudo por fin sumergirse en el estudio de tan fabuloso psicodélico. Los efectos fueron de su interés. Pero las 24h. de duración de los efectos del LSD le parecieron demasiado largos para su gusto.


Cuando emigró a los Estados Unidos, el principal interés de Szára en materia de investigación siguió siendo el DMT, desarrollando su labor en el Instituto Nacional de Salud de Bethesda, Maryland, donde trabajó más de 30 años llegando a ocupar el puesto de Director de Investigación Clínica en el National Institute on Drug Abuse, antes de jubilarse en 1991.


Otros grupos confirmaron y ampliaron los descubrimientos de Szára, incluyendo el hecho de que el DMT ha debía ser inyectado para hacer notar sus efectos. Sin embargo, sorprende constatar que ningún investigador aparte de Szára diese información detallada de sus propiedades psicológicas.


Un mundo de placer y sensacionesUn mundo de placer y sensacionesPor ejemplo, su antiguo laboratorio de Budapest declaró que el DMT provocaba en voluntarios normales “un estado psicótico dominado por alucinaciones coloridas, pérdida del sentido de la realidad temporal y espacial, euforia, experiencias fantasmales y en ocasiones ansiedad”. El Public Health Service Hospital de Lexington, Kentucky, uno de los centros americanos más activos en materia de investigación se limitó a constatar en sus ensayos con presos que los efectos del DMT conllevaba “ansiedad, halucinaciones y distorsiones perceptivas”. Aún menos reveladores fueron los estudios del U.S. National Institute of Mental Health, donde un grupo de aguerridos voluntarios habituados a los psicodélicos se limitaron a evaluar mediante un número “a qué altura habían llegado” con una dosis completa de DMT, constatando el estudio que la mayor parte de los voluntarios no habían llegado tan lejos en su vida.


¿Qué es el DMT?


A pesar de la sólida producción de artículos de investigación sobre el DMT por parte de Szára y otros, éste permaneció como una curiosidad farmacológica: intenso, de corta duración, presente en las plantas. El LSD quedó en ventaja frente al DMT pero todo esto cambió cuando se descubrió la presencia de DMT en el cerebro de ratones y ratas y el modo en que los cuerpos fabricaban dicha substancia. En 1965, científicos alemanes publicaron en Nature, importante publicación científica británica, que habían aislado DMT en la sangre humana. En 1972, el premio Nobel J. Axelrod, destacó su presencia en en tejido cerebral humano. Otro estudio demostró que también podía hallarse presente en la orina y el fluido cerebroespinal que baña el cerebro. No pasó mucho tiempo hasta que se descubrió los modos, los mismos a los de los animales, en que el cuerpo humano fabricaba DMT. El DMT pasó a ser el primer psicodélico humano endógeno (generado dentro del cuerpo). Hay otros compuestos endógenos con los cuales nos hemos familiarizado desde esta época. Por ejemplo, los compuestos morfinoformes endógenos son las endorfinas. Sin embargo, el descubrimiento del DMT en el cuerpo humano hizo mucho menos ruido que el de las endorfinas. La creciente ola antipsicodélica que barrió EE.UU. desde aquella época adiestró a los investigadores contrael estudio del DMT endógeno. Los descubridores de las endorfinas, en revancha, obtuvieron un Premio Nobel.


Arte espiritual


Arte espiritual“¿Qué hace el DMT en nuestro cuerpo?”


La pregunta se convirtió en una cuestión crucial que la psiquiatría se limitó a zanjar de la manera más burda: “Provocar enfermedades mentales”. El DMT se relacionó entonces estrechamente con la esquizofrenia. Se encontraba en el mal lugar en el mal momento.


El DMT está estrechamente emparentado con la serotonina, el neurotransmisor asignado a los psicodélicos. Afecta a los receptores de la serotonina de un modo similar al del LSD, psilocibina y mescalina. Dichos receptores se hallan en todo el cuerpo, en los vasos sanguíneos, músculos, glándulas y piel. Sin embargo, el cerebro, con infinidad de receptores de serotonina sensibles al DMT, ligados al humor, la percepción y al pensamiento, es el lugar donde el DMT ejerce sus efectos más interesantes. El cerebro rechaza la entrada de la mayor parte de las drogas y productos químicos, haciendo una más que curiosa excepción con el DMT. Escudo prácticamente impenetrable, la barrera de sangre cerebral impide a los agentes indeseados dejar la sangre para penetrar el tejido cerebral. Tal defensa se extiende incluso hacia los hidratos de carbono y grasas que los demás tejidos utilizan para crear energía. El cerebro no quema más que la forma de combustible más pura: el azúcar o glucosa. Sin embargo, ciertas moléculas son objeto de un transporte activo a través de la barrera de la sangre cerebral. Pequeñas moléculas especializadas las conducen al cerebro, proceso que requiere una enorme cantidad de preciosa energía. La razón por la cual el cerebro transporta estos compuestos a esta “zona sagrada” es evidente: los aminoácidos necesarios para el sostenimiento de proteínas cerebrales tienen el paso autorizado.


Secante de LSD firmado por Tim Leary.


Secante de LSD firmado por Tim Leary.En 1976, científicos japoneses descubrieron que el cerebro transporta activamente el DMT a través de la barrera sanguínea. No existe otra substancia psicodélica por la que el cerebro demuestre tal interés. Si el DMT fuera simplemente un subproducto derivado de nuestro metabolismo, tal y como venían afirmando los psiquiatras, ¿porqué el cerebro se comporta de un modo tan inusual para adentrarlo en sus confines?


Allí donde el DMT hace su aparición, el cuerpo hace lo posible para utilizarlo rápidamente. Una vez que el cuerpo ha producido o recibido DMT, ciertas enzimas llamadas monoaminas-oxidasas (MAO), cuya concentración es especialmente alta en la sangre, hígado, estómago, cerebro e intestinos, lo disuelven en pocos segundos. Su presencia explica que el efecto del DMT sea tan corto.


Se puede decir que el DMT es un alimento para el cerebro. Nada más entrar, es utilizado. El cerebro transporta activamente el DMT a través de su sistema de defensa pero igual de rápido, lo deshace, dando lugar a pensar que la substancia es necesario para mantener una función vital cerebral normal. Sólo cuando el nivel de DMT es demasiado elevado podemos acceder a experiencias extraordinarias.


¿Porqué nuestro cuerpo fabrica DMT?


La respuesta del Dr. Strassman es clara: “Porque es la molécula del espíritu.” Una molécula del espíritu debe provocar, con una fiabilidad razonable, ciertos estados psicológicos que consideramos “espirituales”. Estos son sentimientos de alegría extraordinaria, de intemporalidad y la certeza que lo que experimentamos es “más real que la realidad”. Tal substancia puede conducirnos a una visión de coexistencia de opuestos, como la vida y la muerte, el bien y el mal; un conocimiento de que la consciencia continúa después de la muerte; una profunda comprensión de la unidad de base de todos los fenómenos; y un sentimiento de sabiduría o amor que ataña a todo campo de la existencia.


La vista no vale de nada si la mente está ciega.La vista no vale de nada si la mente está ciega.Una molécula del espíritu conduce también a reinos espirituales. Mundos que nos son de costumbre invisibles y no son accesibles en un estado ordinario de consciencia. Sin embargo, tan verosímil como es la teoría según la cual estos mundos existen tan solo en el campo mental, es la que establece que son, en realidad, “exteriores” a nosotros, y dotados de una existencia propia. Si cambiamos simplemente nuestras facultades receptoras cerebrales, podemos no solo comprenderlos sino también interactuar con ellos.


Hay que recordar que una molécula del espíritu no es espiritual en sí misma. Es un instrumento, un vehículo al que amarrar nuestra consciencia para ser remolcado a otros planos. Se necesita firmeza y preparación, puesto que cielo e infierno, sueño y pesadilla, forman los planos espirituales. El papel de la molécula del espíritu parece angelical, pero esto no garantiza que podamos adentrarnos en un mundo demoniaco.


El hecho de que el DMT se encuentre en todo el cuerpo es relevante. El cerebro lo busca, lo atrae y lo asimila sin demora. Como psicodélico endógeno, el DMT puede estar implicado en estados psicodélicos no provocados, que nada tienen que ver con la absorción de drogas, pero con una similitud asombrosa con los estados inducidos por algunas de éstas. Es posible que bajo la tutela del DMT endógeno seamos capaces de experimentar estados de ánimo transformadores, asociados a las experiencias de nacimiento, muerte, umbral de la muerte, contacto con entidades y a una consciencia mística / espiritual.


No se distorsiona la realidad al afirmar que el cerebro está hambriento de DMT.


Texto: Growland.org


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(DMT) N-DIMETILTRIPTAMINA

(DMT) N-DIMETILTRIPTAMINA

No tenemos imaginación suficiente para hacernos una idea de lo que nos perdemos. (Jean Toomer) 




Introducción. Ciencia y sociedad.


La historia del uso de plantas, hongos y animales por el hombre, por su efecto psicodélico, es muy anterior a la historia escrita, y precede la aparición de la moderna especie humana. Ronald Siegel y Terence McKenna proponen incluso que nuestros ancestros simiescos imitaron otros animales comiendo cosas que causaban un comportamiento inhabitual. De este modo descubrieron las primeras substancias causantes de alteraciones mentales.


Cada vez son más los estudios que afirman la utilización de psicodélicos por parte de antiguas culturas por su efecto sobre la conciencia. Arqueólogos han descubierto antiguas representaciones africanas de hongos creciendo en un cuerpo humano, y recientes descubrimientos en arte rupestre prehistórico en Europa Septentrional sugieren la notable influencia de una consciencia psicodélicamente alterada.


Ciertos autores han emitido la hipótesis de que el lenguaje se desarrolló a partir de una comprensión y asociación psicodélica derivadas de los sonidos bucales emitidos por los primeros homínidos. Otros aseveran que son los estados psicodélicos los que han proporcionado las bases de la conciencia humana más antigua en materia espiritual y por tanto religiosa.


Las visiones, estados extáticos, y el despegue de la imaginación posibilitados por las drogas psicodélicas dieron a dichas substancias un papel importante en las más antiguas culturas. Varios siglos de investigación antropológica han demostrado que esas sociedades hacían uso de psicodélicos para mantener una cohesión y solidaridad social, contribuir en las artes curativas y e inspirar la creatividad artística y espiritual.


Los indígenas del “Nuevo Mundo” utilizaban, y continúan utilizando, una amplia gama de hongos y plantas psicotrópicas. La mayor parte de cuanto sabemos sobre psicodélicos procede del análisis químico de substancias químicas encontradas en materiales del hemisferio occidental: DMT, psilocibina, mescalina, y diversos compuestos similares al LSD.


“Cristales ultrapuros de DMT”“Cristales ultrapuros de DMT”


La profundidad y amplitud de los usos de plantas psicodélicas por los habitantes del “Nuevo Mundo” sorprendió y alarmó a los colonos europeos. Esta reacción puede ser explicada en parte a la relativa falta de plantas y hongos alucinógenos en Europa, aunque también se explica por la asociación de estas substancias con la brujería. La iglesia reprimió eficazmente toda información relativa al empleo de estas substancias en el Viejo y Nuevo Mundo, persiguiendo a los practicantes y transmisores de tales enseñanzas. Tan sólo a lo largo de los últimos cincuenta años se tuvo conocimiento que la práctica de rituales con hongos sagrados por los indios de México no desapareció en el S.XVI.


En Europa, el interés por las plantas o drogas psicodélicas y el acceso a ellas fue muy limitado hasta finales del S. XIX., cuando ciertos autores describieron los efectos psicodélicos del opio y el hachís (C. Baudelaire y Th. De Quincey), pero la dosis requerida para llegar a tales efectos fue considerada difícil de consumir, excesiva y peligrosa.


Mescalina


Peyote (Lophophora Williamsii)Peyote (Lophophora Williamsii)


La situación empezó a cambiar con el descubrimiento de la mescalina en el peyote, un cactus del nuevo mundo. En la última década del S.XIX, varios químicos alemanes aislaron mescalina a partir del peyote. Los primeros que la probaron alabaron la capacidad de éste para abrir “paraísos artificiales”. Sin embargo, las desagradables nauseas producidas por la substancia podrían relacionarse con la consiguiente falta de interés, no dando lugar en los medios psiquiátricos y médicos más que a un limitado número de artículos sobre ella hasta finales de los años 30. Otro motivo de tal falta de interés por la mescalina fue la predominancia en aquella época del psicoanálisis freudiano en el campo de la psiquiatría. Si Freud tuvo interés por drogas causantes de alteraciones mentales como la cocaína y tabaco, ya no fue el caso de sus discípulos. Freud rechazó la religión, y creyó que la espiritualidad y religiosidad no eran sino defensas contra miedos y deseos pueriles. Tal actitud no favoreció la investigación de la mescalina, substancia inherente a connotaciones de espiritualidad india.


LSD


En 1938, el químico suizo Albert Hofmann desarrolló un estudio sobre el cornezuelo del centeno para la división de productos naturales de Laboratorios Sandoz, importante grupo farmacéutico. Pretendía descubrir una substancia que pudiera contribuir a paliar el sangrado uterino tras el parto. Uno de los compuestos del cornezuelo era el LSD-25 (lysergic aciddyethylamide). Las pruebas realizadas con úteros animales dieron pocos resultados y Hofmann pronto lo dejó de lado. Sin embargo, cinco años más tarde “un curioso presentimiento” incitó a Hofmann a volver a examinar el LSD, y fue entonces cuando descubrió de forma accidental sus potentes propiedades psicodélicas.


Lo más destacable del LSD es que provoca efectos psicodélicos en dosis de millonésimas de gramo, lo cual significa que tiene mil veces la fuerza de la mescalina. De hecho, Hofmann se provocó a sí mismo prácticamente una sobredosis con una cantidad que el mismo juzgó demasiado pequeña para poder alterar la mente: ¼ de mg. Hofmann y sus colegas suizos no tardaron en publicar sus descubrimientos a principios de los años 40. A causa de las tremendas alteraciones mentales producidas por el LSD, los científicos decidieron subrayar sus propiedades “psicóticas”.


Los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial fueron apasionantes para la psiquiatría. Además del LSD, los científicos descubrieron las propiedades antipsicóticas de la torazina. El empleo de dicho neuroléptico mejoró sorprendentemente el estado de numerosos pacientes afectados por graves enfermedades mentales. El dominio contemporáneo de la “psiquiatría biológica” nació pues estos años. Esta disciplina, que estudia la relación entre el estado mental humano y la química cerebral fue hija de esta extraña pareja, el LSD y la torazina. Siendo el intermediario de ambas la serotonina.


En 1948, un grupo de investigadores descubrieron que la serotonina presente en la sangre estaba ligada a la construcción de los músculos de las paredes de arterias y venas, lo cual fue de una importancia capital para la comprensión de la forma en que el proceso hemorrágico podía ser controlado. “Serotonina” procede del latín serum, suero,ytonus, tensión.


Durante los años 50, otro grupo de investigadores repararon en la presencia de serotonina en el cerebro de diversos animales, mostrando su precisa localización y efectos sobre las funciones eléctricas y químicas de las células nerviosas. Las drogas o cirugía que modifican las regiones que contienen serotonina en el cerebro alteran profundamente el comportamiento sexual y agresivo, así como el sueño, vigilia y todo un abanico de funciones básicas. La presencia y función de la serotonina en el cerebro y el comportamiento la confirmó como el primero neurotransmisor conocido.


Así mismo, los científicos repararon en la similitud de las moléculas de LSD y serotonina, rivalizando ambas en muchas zonas cerebrales. En muchas casos, el LSD bloquea los efectos de la serotonina, en otros, imita su efecto. Tales descubrimientos hicieron del LSD la herramienta disponible más eficaz para establecer una relación cerebro-mente.


Investigaciones de campo


Decenas de científicos administraron en todo el mundo una amplia gama de psicodélicos a millares de voluntarios sanos y pacientes psiquiátricos. Durante dos decenios, dichos experimentos fueron subvencionados generosamente por fondos gubernamentales o privados, dando lugar a la publicación de infinidad de artículos y libros, así como a conferencias y encuentros internacionales en los que se debatían los últimos descubrimientos de la investigación en materia psicodélica.


Los laboratorios Sandoz distribuyeron LSD a diversos investigadores para poder provocar un estado psicótico controlado a voluntarios sanos. Los científicos confiaban en que tales experimentos pudieran dar luz a los desarreglos psicóticos naturales como la esquizofrenia. También recomendaron proporcionar dosis de LSD a trabajadores de servicios psiquiátricos, para ayudarles a sentir empatía hacia sus pacientes psicóticos. Estos jóvenes médicos quedaron marcados por tal acercamiento temporal con la locura. El abrupto encuentro con recuerdos y sentimientos inconscientes llevaron a los psiquiatras a creer que las propiedades relajantes para la mente podrían mejorar la psicoterapia.


“Tabletas azules de gel de LSD”


“Tabletas azules de gel de LSD”


Numerosos estudios sugirieron entonces que los mecanismos ordinarios de terapia mediante discusión podrían ser más eficaces mediante el empleo de psicodélicos. Decenas de artículos científicos mencionan el tremendo éxito en prácticas con enfermos incurables con síntomas obsesivo-compulsivos, estrés pos-traumático, trastornos alimenticios, angustia, depresión, alcoholismo y otras dependencias químicas como a la heroína y cocaína.


El rápido avance descrito por los investigadores que llevaron a cabo “psicoterapias psicodélicas” incitó a otros investigadores al estudio de los efectos benéficos de tales drogas en pacientes en fase terminal, consumidos por el dolor y la enfermedad. La psicoterapia psicodélica, aunque con pocos efectos sobre los estados patológicos subyacentes, dio lugar notables efectos psicológicos. La depresión se disipaba, la demanda de fármacos contra el dolor disminuía considerablemente, y la aceptación de los pacientes hacia su y enfermedad y pronóstico fue mayor. Además, pacientes y familias parecían adquirir capacidad para hacer frente a profundos problemas emocionales de un modo desconocido hasta entonces. Ciertos terapeutas creyeron entonces que una experiencia transformadora, mística o espiritual era la que daba origen a tales reacciones milagrosas a la psicoterapia psicodélica.


LSD-2D 3DLSD-2D 3D


Pronto se reparó en que las experiencias descritas por voluntarios bajo la potente influencia de psicodélicos eran sorprendentemente similares a las vivencias de los practicantes de formas orientales de meditación. Los puntos en común entre alteración de la conciencia inducida por drogas psicodélicas y la provocada por meditación, llamó la atención de escritores y filósofos como Huxley, que hizo sus propios experimentos con LSD y mescalina, extremadamente ricos y positivos, bajo la tutela del psiquiatra canadiense H. Osmond durante las sucesivas visitas que le hizo a su residencia de Los Angeles durante los años 50. Huxley no se demoró en describir tales experiencias y las fantasías que le inspiraron. Sus escritos sobre la naturaleza y valor de la vivencia psicodélica fueron cautivadores y elocuentes e inspiraron a un buen número de investigadores para llevar a cabo experimentos destinados a acceder a la iluminación espiritual mediante el empleo de psicodélicos. Si bien sus ideas provocaron un movimiento masivo a favor de los psicodélicos, Huxley era un firme partidario de la limitación a su acceso, no debiendo reservar su uso más que a una élite de intelectuales y artistas, lejos de creer en que la población común pudiera estar preparada para sacar provecho de tales experiencias sin riesgo alguno.


Prohibición


Sin embargo, los estudios sobre enfermedades incurables, y la comparación de los efectos de las drogas psicodélicas con los de determinadas experiencias místicas, enredaron de un modo nefasto ciencia y religión. La investigación comenzó a alejarse demasiado del programa original de los Laboratorios Sandoz.


Para complicar aún más las cosas, durante los años 60 el LSD se fugó de los laboratorios. Un sin fin de noticias sobre suicidios, urgencias, asesinatos, malformaciones de fetos, alteraciones cromosómicas, invadió los medios de comunicación, lo cual, añadido al abandono total de principios por Timothy Leary y su equipo de investigadores en la Universidad de Harvard reforzó la sospecha de que ni siquiera los científicos podían controlar tan poderosas substancias.


“Nixon vs. LSD”“Nixon vs. LSD”


Los medios de comunicación exageraron las consecuencias negativas fisiológicas y psicológicas de las drogas psicodélicas. Numerosos artículos fueron fruto de investigaciones superficiales, otros no eran más que pura invención. Posteriores publicaciones desmintieron las acusaciones de alta toxicidad y deterioro cromosómico de los psicodélicos pero estos estudios apenas tuvieron eco después de tanta mentira. Una ola de artículos con descripciones de “malos viajes”, reacciones negativas a los psicodélicos empezaron a invadir la literatura psiquiátrica. Pero estaba claro que el índice de complicaciones psiquiátricas era extraordinariamente bajo en sesiones controladas, ya sea con voluntarios normales o pacientes. Sin embargo, cuando personas inestables o con problemas psiquiátricos tomaban psicodélicos impuros o desconocidos, combinados con alcohol y otras drogas de modo descontrolado y sin una vigilancia adecuada, los problemas era evidentes.


Como reacción a la ansiedad del público norteamericano por el uso descontrolado del LSD, y dejando de lado toda objeción procedente del medio científico, el congreso de EE.UU. promulgó en 1970 la ley que ilegalizó el LSD y demás psicodélicos. El gobierno provocó que la comunidad científica dejara de lado sus proyectos, poniendo todo tipo de trabas para conseguir una partida de substancias con las cuales llevar a cabo cualquier investigación al respecto y hacer florecer nuevos estudios. Los fondos se vivieron inexistentes y los investigadores abandonaron sus experimentos. Con la nueva ley sobre estas substancias, el interés por la investigación desapareció tan rápidamente como la forma en que se inició. Era como si tales substancias jamás se hubieran descubierto.


Evolución


Si se tiene en cuenta el intenso ritmo de investigación en materia de psicodélicos hasta hace apenas 40 años, no se puede uno más que sorprender por la total inexistencia que se les reserva en el actual panorama médico y psiquiátrico. Los psicodélicos constituyeron el pilar del desarrollo de la psiquiatría durante más de veinte años. Hoy en día, el desconocimiento de las nuevas generaciones de médicos y psiquiatras sobre la materia es total.


La evolución del estudio científico en materia de psicodélicos ha seguido un proceso muy poco natural. Comenzaron su carrera como “remedios milagrosos” para pasar a ser al poco tiempo “drogas abominables”, no dando lugar a más.


Si los estudiantes de medicina y psiquiatría saben tan poco acerca de las drogas psicodélicas, esto no se debe a las conclusiones de la investigación en la materia, sino a la manera en que acaba dicha investigación, que desmoralizó profundamente a la psiquiatría universitaria, que tuvo que dar completamente la espalda a los psicodélicos.


La investigación psicodélica fue un capítulo hiriente y humillante en la vida de tantos científicos eminentes, los más brillantes y mejores psiquiatras de su generación. Los investigadores psiquiátricos europeos y norteamericanos más respetados en la actualidad, tanto en medios universitarios como por la industria farmacológica, forjaron su vida profesional en la investigación de psicodélicos. Los miembros más influyentes de la profesión descubrieron que la ciencia, el trabajo y la razón eran incapaces de defender sus estudios ante la promulgación de leyes represivas alimentadas por la opinión pública, la emoción y los medios de comunicación.


Desde el preciso instante en que tales leyes se aprobaron, el control gubernamental así como la financiación pública y privada retiraron rápidamente autorizaciones, suministro de drogas y dinero para el estudio. Las drogas psicodélicas, que los investigadores estimaban como claves excepcionales para la curación de enfermedades mentales y tomas de conciencia se convirtieron en objeto de temor y de odio.


Un problema más se añadió. Los psicodélicos se convirtieron en objeto de disputa en el seno de la psiquiatría misma. Los psiquiatras puristas de la biología como una fuente dejaron de tolerar a todos sus colegas “atrapados por la religiosidad” y que ensalzaban los poderes curativos y espirituales de estas drogas. Éstos últimos consideraron a los partidarios del “todo cerebral” como estrechos de mente y limitados. La psiquiatría nunca estuvo de hecho a gusto con ninguna cuestión espiritual, y esto dio lugar a que toda una nueva cohorte de profesionales se centrara en poner en tela de juicio cualquier resultado de investigaciones sobre psicodélicos, dando lugar a la “teoría y práctica transpersonal”. De este modo, ciertos investigadores en materia de psicodélicos encontraron el modo de deshacerse de los complejos y contradictorios efectos que tales drogas causaban en sus pacientes y ellos mismos.



La falta de interés actual en el medio universitario puede comprenderse por la total ausencia de continuidad en materia de investigación con voluntarios. Sin embargo, es común que en la formación de futuros médicos se hable de teorías y técnicas pasadas, inclusive de todas aquellas caídas en desuso… desde los años 70, parece que las drogas psicodélicas nunca hubieran existido en el ámbito universitario y médico. Esto hasta mediados de los años 90, momento en que el Dr. Strassman organiza un seminario de investigación sobre drogas psicodélicas para internos en psiquiatría en la Universidad de Nuevo México. Probablemente la única desde hacía décadas.


Mejor conexión que el wifi!


DMT por todas partes


Químicamente simple, el DMT permite sin embargo a nuestra consciencia acceder a las más increíbles e inesperadas visiones, pensamientos y sensaciones, abriendo la puerta a mundos fuera del alcance de nuestra imaginación.


El DMT existe en nuestro cuerpo y en el reino animal y vegetal. Forma parte de la constitución ordinaria de humanos y otros mamíferos, animales marinos, hierbas y semillas, sapos y ranas, hongos y moho, corteza, flores y raíces.


El alquimista psicodélico Alexander Shulgin dedica todo un capítulo al DMT en su extenso compendio Tikhal: Tryptamines I Have Known and Loved. En este capítulo titulado “DMT en todas partes”, subraya: “El DMT está… en esa flor, en aquel árbol, en ese otro animal… está presente prácticamente en cualquier lugar donde miremos”. Pero donde más abunda el DMT es en ciertas plantas de América Latina. Lugares donde el hombre conoce sus sorprendentes propiedades desde hace docenas de miles de años.


Viaja a nuevas y exóticas dimensiones!Viaja a nuevas y exóticas dimensiones!

A mediados del S.XIX, dos exploradores amazónicos, el inglés Richard Spruce y el alemán Alexander von Humboldt, describieron por primera vez los efectos de tomas y brebajes exóticos psicotrópicos elaborados a partir de plantas por tribus indígenas. Los indígenas de América Latina siguen realizando estas tomas, denominadas yopoepenajurema. Consisten en enormes dosis, hasta de 30gr. o más. Existe una técnica espectacular, que consiste en que un ayudante del consumidor insufla la mezcla en la nariz de éste mediante un tubo. La fuerza del soplo ha de ser suficientemente fuerte como para tumbar al receptor. Spruce y Von Humboldt relatan cómo los indígenas se sumergen de forma inmediata en un estado delirante acompañado de vómitos, sudores y contorsiones incoherentes. Estos primeros exploradores escucharon historias de visiones fantásticas, “viajes fuera del cuerpo”, predicciones, localización de objetos perdidos, y contacto con ancestros y demás entidades etéreas.


Otro preparado vegetal, consumido en forma de brebaje, parecía producir efectos similares, aunque no de forma tan espontánea. La Ayahuasca o Yagé es fuente de inspiración de infinidad de obras artísticas rupestres y pinturas presentes en construcciones indígenas, lo cual denominaríamos en nuestros días “arte psicodélico”.


Mientras las muestras de plantas traídas por estos dos exploradores languidecían en los archivos de algún museo de historia natural, el químico canadiense R. Manske, en una investigación independiente, sintetizó una nueva droga llamada N,N-dimetiltriptamina, o DMT, a partir de la fresa arborescente, un arbusto presente en el continente norteamericano. Por lo que se sabe, Manske sintetizó el DMT, tomó nota de su estructura, y guardó el producto en algún cajón olvidado de su laboratorio. Nadie conocía entonces la existencia del DMT en las plantas psicotrópicas, sus propiedades psicodélicas o su presencia en el cuerpo humano. El interés de los científicos no se despertó hasta bien acabada la Segunda Guerra Mundial.


DMT por todas partesDMT por todas partes

El descubrimiento del LSD y de la serotonina quebrantó a principios de los años 50 los cimientos de la psiquiatría freudiana, sentando a la vez las bases de la neurociencia. El interés de los científicos por los psicodélicos , que empezaron a llamarse a sí mismos “psicofarmacólogos”, les llevó buscar los ingredientes activos mediante el análisis de cortezas, hojas, raíces y semillas de plantas descritas como psicodélicas 100 años atrás. La familia de las triptaminas fue un centro de interés evidente por ser el LSD y la serotonina ellas mismas triptaminas.


Viaja con los laboratorios Sandoz!Viaja con los laboratorios Sandoz!

El precursor: Stefan Szára


En los años 50, el químico y psiquiatra húngaro Stefan Szára conoció en profundidad y se interesó por el efecto psicotrópico del LSD y de la mescalina, por lo que decidió encargar un poco de LSD a los laboratorios Sandoz con el fin de llevar a cabo sus propios estudios sobre la química de la consciencia. Puesto que Szára vivía detrás del telón de acero, la sociedad farmacéutica suiza no accedió a mandarle el pedido, por temor a que el potente LSD cayese en manos de los comunistas. Tal rechazo no le desanimó sino que le incitó a estudiar todo lo relativo al DMT, que sintetizó en su laboratorio de Budapest en 1955.


Szára ingirió dosis crecientes de DMT sin sentir efecto alguno, lo cual le llevó a preguntarse si algo en el sistema gastrointestinal impedía la absorción del DMT, planteándose la inyección por vía intramuscular del mismo. Tal presentimiento precedió el descubrimiento del mecanismo intestinal que disuelve el DMT ingerido por vía oral –mecanismo que los indígenas sudamericanos habían aprendido a esquivar hace miles de años. Decidido a ir el primero, en 1956, Szára se inyectó una intramuscular de DMT, de aproximadamente la mitad de una dosis “completa”: “Al cabo de 3 o 4 minutos, empezaron las sensaciones visuales, similares a las descripciones de Hofmann y Huxley sobre el LSD y la mescalina. Era apasionante. Estaba claro que había descubierto el secreto.” Tras multiplicar la dosis por dos: “Los síntomas físicos hicieron su aparición. Ligero picor, temblores y náuseas, dilatación de las pupilas, aumento de la tensión y del ritmo cardiaco. Todo acompañado de fenómenos eidéticos, claras representaciones alucinatorias, imágenes o trazas de objetos percibidos visualmente, ilusiones ópticas y alucinaciones que consistían en motivos orientales de vivos colores en movimiento. Más adelante vi maravillosas escenas alterándose rápidamente. Los rostros de las personas parecían máscaras. Mi estado emocional llegaba hasta la euforia. Mi conciencia estaba disuelta en alucinaciones y mi atención quedaba firmemente ligada a ellas. Al cabo de ¾ de hora los síntomas desaparecieron y pude describir estos efectos.”


Szára


SzáraTrabajo de campo: DMT versus LSD


Szára reclutó rápidamente a 30 voluntarios, la mayor parte jóvenes colegas médicos de Hungría. Todos recibieron dosis psicodélicas. La experiencia de uno de esos jóvenes: “El mundo entero brilla… la estancia está repleta de espíritus. Causa vértigo… Ahora, es lo más! Tengo la sensación de volar… por encima de la tierra, por encima de todo. Me reconforta saber que estoy de vuelta. Todo tiene un tinte espiritual, pero muy real… siento que por fin aterrizo.


Otra joven médico transcribió: “Todo es tan sencillo. Ante mí se encuentran dos dioses en calma, bajo la luz del sol… y pienso que me acogen en este nuevo mundo. El silencio es tan profundo como en el desierto… Por fin estoy en casa… Juego peligroso… Sería tan fácil no regresar. Apenas tengo consciencia de ser médico, pero esto no es importante: lazos familiares, estudios, proyectos y recuerdos se hallan ya demasiado lejos y sólo este mundo es importante, soy libre y estoy totalmente sola.”


Occidente había descubierto el DMT. Y el DMT había entrado en su consciencia.


Disolución de conscienciasDisolución de consciencias a pesar de algún “mal viaje” provocado ocasionalmente en alguno de sus voluntarios, a Szára le gustaba particularmente el DMT por su corta acción. Era relativamente fácil utilizarlo, totalmente psicodélico, y las experiencias podían llevarse a cabo en pocas horas. Tras escapar de Hungría con una buena cantidad de DMT a finales de los años 50, se encontró en Berlín con otro colega que le introdujo a su vez en sus estudios sobre el LSD. Szára pudo por fin sumergirse en el estudio de tan fabuloso psicodélico. Los efectos fueron de su interés. Pero las 24h. de duración de los efectos del LSD le parecieron demasiado largos para su gusto.


Cuando emigró a los Estados Unidos, el principal interés de Szára en materia de investigación siguió siendo el DMT, desarrollando su labor en el Instituto Nacional de Salud de Bethesda, Maryland, donde trabajó más de 30 años llegando a ocupar el puesto de Director de Investigación Clínica en el National Institute on Drug Abuse, antes de jubilarse en 1991.


Otros grupos confirmaron y ampliaron los descubrimientos de Szára, incluyendo el hecho de que el DMT ha debía ser inyectado para hacer notar sus efectos. Sin embargo, sorprende constatar que ningún investigador aparte de Szára diese información detallada de sus propiedades psicológicas.


Un mundo de placer y sensacionesUn mundo de placer y sensacionesPor ejemplo, su antiguo laboratorio de Budapest declaró que el DMT provocaba en voluntarios normales “un estado psicótico dominado por alucinaciones coloridas, pérdida del sentido de la realidad temporal y espacial, euforia, experiencias fantasmales y en ocasiones ansiedad”. El Public Health Service Hospital de Lexington, Kentucky, uno de los centros americanos más activos en materia de investigación se limitó a constatar en sus ensayos con presos que los efectos del DMT conllevaba “ansiedad, halucinaciones y distorsiones perceptivas”. Aún menos reveladores fueron los estudios del U.S. National Institute of Mental Health, donde un grupo de aguerridos voluntarios habituados a los psicodélicos se limitaron a evaluar mediante un número “a qué altura habían llegado” con una dosis completa de DMT, constatando el estudio que la mayor parte de los voluntarios no habían llegado tan lejos en su vida.


¿Qué es el DMT?


A pesar de la sólida producción de artículos de investigación sobre el DMT por parte de Szára y otros, éste permaneció como una curiosidad farmacológica: intenso, de corta duración, presente en las plantas. El LSD quedó en ventaja frente al DMT pero todo esto cambió cuando se descubrió la presencia de DMT en el cerebro de ratones y ratas y el modo en que los cuerpos fabricaban dicha substancia. En 1965, científicos alemanes publicaron en Nature, importante publicación científica británica, que habían aislado DMT en la sangre humana. En 1972, el premio Nobel J. Axelrod, destacó su presencia en en tejido cerebral humano. Otro estudio demostró que también podía hallarse presente en la orina y el fluido cerebroespinal que baña el cerebro. No pasó mucho tiempo hasta que se descubrió los modos, los mismos a los de los animales, en que el cuerpo humano fabricaba DMT. El DMT pasó a ser el primer psicodélico humano endógeno (generado dentro del cuerpo). Hay otros compuestos endógenos con los cuales nos hemos familiarizado desde esta época. Por ejemplo, los compuestos morfinoformes endógenos son las endorfinas. Sin embargo, el descubrimiento del DMT en el cuerpo humano hizo mucho menos ruido que el de las endorfinas. La creciente ola antipsicodélica que barrió EE.UU. desde aquella época adiestró a los investigadores contrael estudio del DMT endógeno. Los descubridores de las endorfinas, en revancha, obtuvieron un Premio Nobel.


Arte espiritual


Arte espiritual“¿Qué hace el DMT en nuestro cuerpo?”


La pregunta se convirtió en una cuestión crucial que la psiquiatría se limitó a zanjar de la manera más burda: “Provocar enfermedades mentales”. El DMT se relacionó entonces estrechamente con la esquizofrenia. Se encontraba en el mal lugar en el mal momento.


El DMT está estrechamente emparentado con la serotonina, el neurotransmisor asignado a los psicodélicos. Afecta a los receptores de la serotonina de un modo similar al del LSD, psilocibina y mescalina. Dichos receptores se hallan en todo el cuerpo, en los vasos sanguíneos, músculos, glándulas y piel. Sin embargo, el cerebro, con infinidad de receptores de serotonina sensibles al DMT, ligados al humor, la percepción y al pensamiento, es el lugar donde el DMT ejerce sus efectos más interesantes. El cerebro rechaza la entrada de la mayor parte de las drogas y productos químicos, haciendo una más que curiosa excepción con el DMT. Escudo prácticamente impenetrable, la barrera de sangre cerebral impide a los agentes indeseados dejar la sangre para penetrar el tejido cerebral. Tal defensa se extiende incluso hacia los hidratos de carbono y grasas que los demás tejidos utilizan para crear energía. El cerebro no quema más que la forma de combustible más pura: el azúcar o glucosa. Sin embargo, ciertas moléculas son objeto de un transporte activo a través de la barrera de la sangre cerebral. Pequeñas moléculas especializadas las conducen al cerebro, proceso que requiere una enorme cantidad de preciosa energía. La razón por la cual el cerebro transporta estos compuestos a esta “zona sagrada” es evidente: los aminoácidos necesarios para el sostenimiento de proteínas cerebrales tienen el paso autorizado.


Secante de LSD firmado por Tim Leary.


Secante de LSD firmado por Tim Leary.En 1976, científicos japoneses descubrieron que el cerebro transporta activamente el DMT a través de la barrera sanguínea. No existe otra substancia psicodélica por la que el cerebro demuestre tal interés. Si el DMT fuera simplemente un subproducto derivado de nuestro metabolismo, tal y como venían afirmando los psiquiatras, ¿porqué el cerebro se comporta de un modo tan inusual para adentrarlo en sus confines?


Allí donde el DMT hace su aparición, el cuerpo hace lo posible para utilizarlo rápidamente. Una vez que el cuerpo ha producido o recibido DMT, ciertas enzimas llamadas monoaminas-oxidasas (MAO), cuya concentración es especialmente alta en la sangre, hígado, estómago, cerebro e intestinos, lo disuelven en pocos segundos. Su presencia explica que el efecto del DMT sea tan corto.


Se puede decir que el DMT es un alimento para el cerebro. Nada más entrar, es utilizado. El cerebro transporta activamente el DMT a través de su sistema de defensa pero igual de rápido, lo deshace, dando lugar a pensar que la substancia es necesario para mantener una función vital cerebral normal. Sólo cuando el nivel de DMT es demasiado elevado podemos acceder a experiencias extraordinarias.


¿Porqué nuestro cuerpo fabrica DMT?


La respuesta del Dr. Strassman es clara: “Porque es la molécula del espíritu.” Una molécula del espíritu debe provocar, con una fiabilidad razonable, ciertos estados psicológicos que consideramos “espirituales”. Estos son sentimientos de alegría extraordinaria, de intemporalidad y la certeza que lo que experimentamos es “más real que la realidad”. Tal substancia puede conducirnos a una visión de coexistencia de opuestos, como la vida y la muerte, el bien y el mal; un conocimiento de que la consciencia continúa después de la muerte; una profunda comprensión de la unidad de base de todos los fenómenos; y un sentimiento de sabiduría o amor que ataña a todo campo de la existencia.


La vista no vale de nada si la mente está ciega.La vista no vale de nada si la mente está ciega.Una molécula del espíritu conduce también a reinos espirituales. Mundos que nos son de costumbre invisibles y no son accesibles en un estado ordinario de consciencia. Sin embargo, tan verosímil como es la teoría según la cual estos mundos existen tan solo en el campo mental, es la que establece que son, en realidad, “exteriores” a nosotros, y dotados de una existencia propia. Si cambiamos simplemente nuestras facultades receptoras cerebrales, podemos no solo comprenderlos sino también interactuar con ellos.


Hay que recordar que una molécula del espíritu no es espiritual en sí misma. Es un instrumento, un vehículo al que amarrar nuestra consciencia para ser remolcado a otros planos. Se necesita firmeza y preparación, puesto que cielo e infierno, sueño y pesadilla, forman los planos espirituales. El papel de la molécula del espíritu parece angelical, pero esto no garantiza que podamos adentrarnos en un mundo demoniaco.


El hecho de que el DMT se encuentre en todo el cuerpo es relevante. El cerebro lo busca, lo atrae y lo asimila sin demora. Como psicodélico endógeno, el DMT puede estar implicado en estados psicodélicos no provocados, que nada tienen que ver con la absorción de drogas, pero con una similitud asombrosa con los estados inducidos por algunas de éstas. Es posible que bajo la tutela del DMT endógeno seamos capaces de experimentar estados de ánimo transformadores, asociados a las experiencias de nacimiento, muerte, umbral de la muerte, contacto con entidades y a una consciencia mística / espiritual.


No se distorsiona la realidad al afirmar que el cerebro está hambriento de DMT.


Texto: Growland.org




(DMT) N-DIMETILTRIPTAMINA